Por Agustina Properzi

En un escenario mundial en el que las redes sociales y los medios digitales parecen definir y moldear la opinión pública, se hace cada vez más difícil que la disputa política permanezca puertas adentro del Congreso o la Casa Rosada; la agenda que marca la política de nuestro país se encuentra relegada de forma progresiva a los teléfonos celulares de millones de argentinos.
Los medios digitales de comunicación han logrado convertirse en el territorio fundamental donde la ciudadanía debate en torno a diferentes temas de interés general. A través de aplicaciones como Instagram, X (Twitter) o TikTok, en tan solo minutos es posible enterarse de lo que sucede y de “lo que se habla”, incluso al mismo tiempo en que el hecho está ocurriendo. Esto genera, como consecuencia, la pregunta sobre quién define realmente cuáles son los temas importantes; ¿son los medios? ¿el gobierno? ¿los usuarios en las redes?
La realidad es que el contexto actual ha cambiado bastante con respecto al pasado: años atrás quienes concentraban el poder de definir a qué temas debía prestársele atención eran principalmente los diarios y la televisión, o incluso la radio. En la actualidad, no es posible afirmar que exista un solo actor que defina la agenda, sino que intervienen tanto el gobierno (mediante anuncios televisivos y redes sociales), los periodistas y los medios tradicionales, los dirigentes políticos desde sus perfiles digitales, influencers y streamers, los usuarios y hasta los algoritmos de las plataformas. Esto hace que los temas “importantes” cambien varias veces a través de períodos cortos de tiempo, incluso a veces en un mismo día, configurando una agenda política volátil.
En línea con esto, la agenda pública se enmarca como un espacio de disputa permanente. Las redes sociales son utilizadas por los gobiernos oficialistas con el objetivo fundamental de instalar o desplazar del ojo público temas de diversa índole. Esto, en muchas ocasiones, funciona, pero existen excepciones en que surgen tópicos impulsados por la oposición, investigaciones periodísticas o acontecimientos sorpresivos, lo que hace tambalear el poder del oficialismo a la hora de definir a dónde debe de mirar la ciudadanía.
A su vez, es importante preguntarse por aquellos temas que no llegan a formar parte de la agenda pública: ¿cuántos decretos, decisiones o proyectos gubernamentales pasan desapercibidos?
En ocasiones, existen eventos que concentran la atención de las masas y desplazan otros temas del debate público. En este contexto, es posible destacar el Mundial que actualmente se está llevando a cabo en América del Norte como un ejemplo de un suceso con estas características. En este escenario, el gobierno de Javier Milei impulsó un fuerte paquete de reformas económicas y estructurales, incluyendo como principales medidas la reforma del Banco Central, el proyecto del sistema "Shutdown", el avance en el Congreso de la ampliación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) o la reforma política que contempla la posible suspensión o eliminación de las PASO.
De esta manera, es posible llegar a la conclusión de que la agenda política no es definida por un solo actor, sino que la misma es establecida por la convergencia de varios agentes que compiten por influir en ella. Así, puede afirmarse que en una democracia el poder no consiste solamente en tomar decisiones, sino que también es importante lograr que las mismas sean vistas, debatidas o, en algunos casos, pasen desapercibidas.