Cómo Valmy cambió la política para siempre
Por Valentin Minha

20 de septiembre de 1792. Valmy, Francia. Dos ejércitos se encuentran frente a frente. De un lado, las tropas revolucionarias francesas; del otro, el ejército prusiano, una de las principales fuerzas militares de la Europa monárquica de aquella época. A primera vista, no parece este el escenario en donde está a punto de definirse algo mucho más grande que el resultado de una batalla; contrariamente a lo que sucedió.
En Valmy no se decide solamente quién avanza y quién retrocede. Se pone a prueba una idea que, hasta entonces, parecía casi imposible: que una nación pudiera levantarse en armas en nombre de sí misma y no de un rey.
El enfrentamiento termina con una victoria francesa. Militarmente, no fue una de las batallas más intensas o decisivas. Su importancia radica en otro lugar: Francia frenó el avance prusiano sobre su territorio, así como la amenaza de las monarquías europeas. La Revolución sobrevivió.

Ejemplo de esto fueron sus consecuencias inmediatas, ya que dos días después, el 22 de septiembre, se proclamó la República Francesa. Podemos incluso encontrarle una paradoja a esta batalla: habiendo durado relativamente poco, sus consecuencias durarían siglos. El poder comenzó a construirse alrededor de una nueva fuente de legitimidad, la nación, dejando de tener como centro al monarca, quien fue guillotinado cuatro meses después: el 21 de enero de 1793.
Esto era algo completamente nuevo. Durante siglos, la política europea había estado organizada alrededor de las monarquías, la mayoría absolutas. En otras palabras, “el Estado era el rey”.

Pero Valmy permitió que esa nueva lógica fuera defendida en el campo de batalla. Ahora, los soldados franceses no estaban combatiendo únicamente por el territorio de un monarca. Combatían para sostener la revolución, para proteger a la nación.
La idea de que los ciudadanos forman parte de una comunidad política fue fundamental para el desarrollo del nacionalismo moderno. Es un concepto que hoy parece haber existido desde siempre, pero es en realidad más reciente de lo que creemos.
No es anacrónico referirse a esta batalla con tal importancia; incluso en esa época se le tenía los ojos puestos encima. Ejemplo de esto es la famosa frase de Johann Wolfgang von Goethe: “Aquí y en este día comienza una nueva época de la historia universal, y ustedes podrán decir que estuvieron presentes”, pronunciada aquella misma noche.

Y estas ideas no quedaron en Francia. Los triunfos del ejército francés bajo el mando de Napoleón le permitieron, gracias a este acontecimiento, reproducir sus ideas por todo el continente, sembrando las semillas revolucionarias que germinarían en 1820, 1830 y 1848; y cambiando el pensamiento político para siempre.
Sin embargo, la historia nunca es tan sencilla. Si bien es contrafáctico sugerir qué hubiese pasado, podríamos imaginar que una derrota revolucionaria podría haber debilitado el proceso y alterado el rumbo político de Francia. La proclamación de la República podría haberse atrasado o incluso desarrollado bajo otro tipo de circunstancias muy distintas a las que conocemos.
Más de dos siglos después, seguimos haciéndonos muchas de las preguntas que Valmy ayudó a poner en el centro de la política: quién ejerce el poder, de dónde proviene su legitimidad y qué significa pertenecer a una nación.
Tal vez por eso Valmy sea más que una batalla olvidada de 1792. Porque ese día no se decidió solamente qué ejército triunfaba. Se demostró que una revolución podía sobrevivir, que una nación podía movilizarse en su propio nombre y que el poder político podía empezar a imaginarse de una manera diferente de la que se había pensado hasta ese entonces.