Por Maximiliano Iván Schujman

A lo largo de Occidente, los países atraviesan una crisis de representatividad. Argentina no es la excepción con la llegada de Javier Milei al gobierno y la crisis de los partidos políticos tradicionales que no encuentran la manera aún de convencer al electorado de movilizarse en su favor (incluso a pesar de la caída de imagen del oficialismo), Argentina no es la excepción Al analizar en la situación nacional se puede revisar la teoría escrita sobre la Democracia para así pensar cómo se cristaliza la crisis de nuestra Democracia, y ofrecer soluciones en nuestros términos.
La Democracia es un sistema político o una forma de gobierno cuyo centro es la idea de representación, que en una primera definición podría ser la idea de que los gobernantes son electos por el pueblo o la ciudadanía.
En este sentido se podría entender la Democracia según Schumpeter como la elección de la elite gobernante, ni más ni menos que una cuestión meramente procedimental en la cual hay una competencia constante por el voto, y así personas concretas (a las que Schumpeter denomina “Caudillos”) obtienen poder.
La primera pregunta, entonces, es si la Democracia es solo un método de resolución de conflicto de élites. Aquí como contra-argumento se podría plantear que en cierto punto el resto de la sociedad no es ajena a los debates de las élites y que en este sistema hay alta participación y debate.
Sin embargo, esto no es un argumento en contra de Schumpeter sino uno complementario, que desarrolló Robert Dahl con su concepto de poliarquía. Ambos autores piensan la Democracia como un procedimiento (Schumpeter) o un ideal en última instancia inalcanzable que solo es simulado por un conjunto de grupos de interés y/o poder que luchan constantemente (Dahl) más no es el “autogobierno del pueblo”. Si se piensa en estos términos a la democracia argentina, específicamente bajo la actual administración, no sería incongruente el razonamiento que cuando un proyecto de ley es enviado al Congreso que afecta a una parte de la población o en realidad se le pide a este último que actúe como contrapeso del Ejecutivo y frenar algunas medidas como ajuste a los jubilados son esto sectores quienes salen a marchar a defender sus intereses y no toda la sociedad en solidaridad. A esto se le puede sumar la poca participación electoral por el descreimiento en la política y por extensión de la poca participación política activa de la sociedad más allá de un grupo relativamente pequeño conocido como militancia.
Profundizando un poco más en la crítica a esta visión, puede decirse que en realidad tanto Schumpeter como Dahl no hablan de la Democracia en sí misma sino más bien de la forma liberal que la Democracia adoptó (sobre todo Dahl, que está pensando en la democracia estadounidense). Ambos observan como el monopolio de la representación es de los partidos políticos de masas y de sus líderes. En este sentido ambos autores en realidad están describiendo un sistema autopercibido democratico que en su esencia no lo es.
La segunda crítica viene de Rosanvallon, ya que la representación para él es un valor, no solo un método de puja de votos. La representación es, en definitiva, un concepto e ideal que empuja la democratización de la Sociedad al entender que forman parte de la discusión política y que en caso de estar restringidos de este estos grupos se disponen a la lucha por conseguir participar. Rosanvallon ve esto en la figura del Sufragio Universal como valor de la representación y espacio de disputa.
A pesar de estas críticas, las teorías de Schumpeter y Dahl aún siguen en pie ya que desde estas se puede argumentar que la Democracia Liberal y la estructura de partidos con sus crisis aún se mantiene y que el Sufragio Universal por su naturaleza asentó y justificó la existencia de la Poliarquía con mayor número de grupos de interés.
La pregunta que queda hacer entonces es si existe esa idea de representación de Rosanvallon más allá de la idea de Sufragio Universal y por tanto si existen intereses comunes y superiores que ponen en su segundo plano los particulares y que los caudillos no puedan evitar.
En Argentina, la respuesta tal vez esté en Malvinas como gran causa nacional, ya que moviliza un sentido de pertenencia común a la nación frente un enemigo que es claro, con contenido y contorno, no es meramente discursivo. Por tanto, ordena las prioridades políticas en torno a un objetivo específico que es la integridad territorial del país. En concreto, Malvinas es entonces en términos de Dahl, en el cual la mayoría de grupos de interés están de acuerdo en que son argentinas y que se deben realizar todos y sostener esfuerzos de todo tipo para hacer efectiva su devolución. Como contra-argumento podría decirse que Javier Milei, una persona que admira a Margaret Thatcher, aún así fue electo presidente.
Aquí se puede decir que es la pelea facciosa lo que lo lleva a la presidencia y la posterior ruptura de consensos. Sin embargo, también es cierto que no es que los argentinos dejaron de pensar que las Malvinas son argentinas. Por el contrario, fue con el partido de la selección argentina contra Inglaterra en el mundial de Estados Unidos 2026 lo que generó un rechazo a los cambios sobre la ley de Tierras, que permitía la extranjerización del suelo argentino. En términos más institucionales, Milei es aliado de Israel y planifica la política exterior en función de esta predisposición.en su administración, Argentina nunca reconoció el territorio sirio ocupado de los Altos del Golán como parte de Israel, como sí lo hizo el reciente presidente electo colombiano Abelardo de la Espriella. Precisamente el proceso de malvinización es un proceso profundamente democratico porque impulsa a la población en general a participar del debate público y desacredita dichos de gobiernos por el contrario desmalvinizadores.
En definitiva, la Democracia es una forma de gobierno que determina que la representación entre gobernantes y gobernados esté mediada por la idea de la representación no solo en el gobernante sino en la nación en la cual se participa en su construcción diaria. Es el descreimiento en la nación por malas administraciones que genera un descreimiento de la política cristalizado en frases como “Este país es una mierda” por la cual a su vez surgen gobiernos profundamente antidemocráticos.
Ahora bien, ¿cómo se construye esa Democracia? ¿Cómo se hace? Para eso hay que volver unos pasos atrás y recapitular.
La Democracia es una forma de gobierno que se sostiene en la idea de representación entre gobernantes y gobernados. Con esta idea viene asociado el mito del “autogobierno del pueblo”, no porque sea falso, pero sí es cierto que los gobernantes tienen libertad de gobernar y no están atados en cierto punto a lo que Rousseau llamó la “Voluntad General”. Por el contrario, el necesario mito justifica como valor y derecho reconocido, el procedimiento por el cual se materializa la idea de representación: el Sufragio Universal. Se destaca “Universal” ya que todos los ciudadanos tienen el derecho de elegir a sus representantes y por tanto su gobierno. Ahora bien, para organizar esa representación y por tanto mediar la relación entre el Estado y la Sociedad Civil están, en principio, los partidos políticos que como su nombre lo indica representan a partes de la sociedad con distintos intereses. Sin embargo, hay algo para advertir; si la representación es por partes con diferentes intereses y además los gobernantes tienen libertad de acción, ¿qué impide que el Estado deje de ser aquel ente que regula la vida pública y pase a ser un botín de guerra disputado entre las partes de la Sociedad Civil? Y además, ¿qué diferencia hay entre un sistema democratico y la Poliarquía de Dahl?
Entendiendo entonces que la representación política pasa solo por los partidos políticos y el sufragio universal, se está avalando una forma de gobierno que poco tiene que ver con la Democracia. Por lo pronto, no solo se necesita de la participación electoral para construir esa Democracia. Pero entonces, en términos funcionales y organizaciones, ¿qué es la Democracia? Es aquel sistema o forma de gobierno en la que la representación no solo se ejerce vía el sufragio universal sino de las llamadas técnicamente organizaciones intermedias y políticamente como organizaciones libres del pueblo en la construcción de la decisión política más no deciden, eso lo hace el gobierno.
Un ejemplo de esto para graficar cómo construir dichas dinámicas puede ser la Política Exterior Argentina, que desde la vuelta de la democracia hacia la actualidad salvo Milei tuvo como prioridad la integración regional. Sin embargo, si bien hubo acercamientos estatales de diferentes tipos, lo que faltó fue la incorporación de los sectores de la sociedad en el debate, ya que en la integración de una región no solo se entrelazan las burocracias estatales sino también los diferentes elementos de la sociedad. Es necesario democratizar el proceso de integración y permitir e impulsar diálogos entre estos sectores para que por un lado haya en términos institucionales canales formales de diálogo para tomar la decisión pero también que estos sectores posean canales informales más allá de los Estados. Por el contrario, si no es el Estado que toma el liderazgo de tal acción termina siendo el mejor ejemplo de integración regional el crimen organizado en general y en específico por ejemplo el narcotráfico que aprovechando estructuras formales entre países, ordenan a los elementos de la sociedad y construyen canales informales y rutas comerciales que trascienden las fronteras estatales
La Democracia real entonces, caracterizada como de tipo orgánica o participativa, es aquel sistema que bajo la idea de representación entre gobernantes y gobernados permite la participación plena de la sociedad civil en la construcción de un proyecto nacional que materialice el bien común y no solamente el bien partidario (por parte no por partido) de sectores concretos e interesados.