La activista iraní Narges Mohammadi, ganadora del premio Nobel de la Paz en 2023, actualmente se encuentra encarcelada en Irán en un estado deteriorado de salud, según denuncian algunos de sus allegados y organizaciones internacionales. La situación de Mohammadi vuelve a poner en tela de juicio la represión estatal y la situación de los derechos humanos en el país regido por un régimen teocrático.
Por Giuliana Merchet

Narges Mohammadi se ha destacado a lo largo de su vida en su lucha por los derechos de las mujeres y los derechos humanos en Irán. Actualmente ella se encuentra cumpliendo una condena de 12 años de prisión por ¨difundir propaganda en contra del Estado¨, en un estado de salud crítico y deplorable, según informaron sus allegados; padece de una afección pulmonar y además tiene un trastorno neurológico que le provoca una parálisis muscular.
En los últimos años, la lucha por los derechos de las mujeres en Irán ha tenido repercusión internacional a partir del surgimiento del movimiento ¨Mujer, Vida y Libertad¨, a raíz de la muerte de Mahsa Amini, una mujer kurda iraní que murió en 2022 bajo la custodia de la Policía de la Moral tras haber sido arrestada por usar el velo incorrectamente. Su muerte desató protestas que fueron brutalmente reprimidas y respondidas con ejecuciones, violencia sexual y miles de detenciones. Además, el régimen iraní intensificó el uso de la pena de muerte como herramienta represiva y de control. La lucha de Mohammadi nos permite ver que las protestas no son un caso aislado, sino que son la expresión visible de que existe ya un largo expediente en la lucha por el respeto a los derechos humanos contra el régimen iraní y ella forma parte de un activismo que el movimiento ¨Mujer, Vida y Libertad¨ visibiliza.
La ardua trayectoria de Mohammadi ha estado enfocada, durante los últimos 30 años, principalmente en los derechos de las mujeres contra la opresión: ha organizado protestas y sentadas, ha escrito ensayos destacables, y tuvo un valorable desempeño como subdirectora, del Centro de Defensores de los Derechos Humanos, también conocido como DHRC. “El régimen la ha arrestado 13 veces, la ha condenado cinco veces y la ha sentenciado a un total de 31 años de prisión y 154 latigazos”, dijo Reiss-Andersen, miembro del Comité Nobel Noruego, en la ceremonia de anuncio del Nobel en Oslo, Noruega, en 2023. Después de las protestas ocurridas en Irán por la muerte de Mahsa Amini, Mohammadi no ha dejado de lado su activismo y desde prisión sigue denunciando los abusos que sufrió como mujer en la prisión de Evin, en Teherán. Según el medio Al Jazeera, en prisión escribió para The New York Times lo siguiente, “Lo que el gobierno quizás no entienda es que cuanto más nos encarcelen, más fuertes nos volveremos”. Mohammadi no solo ha hecho activismo por los derechos de las mujeres sino también ha brindado apoyo a otros activistas aprisionados, lideró una campaña en contra de la pena de muerte y en reiteradas ocasiones ha criticado abiertamente el uso de la tortura y la violencia sexual por parte del régimen.
Según un informe de Amnistía Internacional, "They violently raped me": Sexual violence weaponized to crush Iran's "Woman Life Freedom" (2023), se sostiene lo que Mohammadi denuncia, que las autoridades iraníes practican la detención arbitraria, la tortura y restricciones a la libertad de expresión y los juicios injustos. Este informe demuestra la sistematicidad de estos actos cometidos por el régimen teocrático.
Siguiendo la línea del constructivismo, la figura de Narges Mohammadi puede entenderse como la de una emprendedora de normas. Su activismo forma parte de un proceso más amplio de promoción de estándares internacionales en materia de derechos humanos. En este sentido, su caso no solo visibiliza las restricciones y la represión del régimen iraní, sino que también pone en evidencia el rol de actores no estatales y de las organizaciones internacionales en la construcción y difusión de estos principios. Sin embargo, su actual estado de salud y su permanencia en prisión plantean un interrogante central, ¿hasta qué punto esa presión internacional logra traducirse en cambios reales y concretos dentro de los Estados?