Siglos de Historia os contemplan
Por Maximiliano Schujman
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En la teoría política, al Estado se le asigna la caracterización de la “organización por excelencia”. Es la unidad política que con la potestad única de la soberanía, tiene alcance universal sobre su población en tanto que los habitantes no pueden fácilmente renunciar a ser miembros de estos y por lo tanto no reconoce autoridad superior dentro de su territorio y es en primera instancia el actor fundante y en última el definitorio del sistema internacional.
Esta descripción del Estado viene dada por la forma específica en que este actor existe: el Estado-Nación. Sin embargo, si algo ha dado la Globalización fue la crisis de esta concepción y de las posibilidades de estos tipos de Estado por garantizar su soberanía. Esto lo abordó Susan Strange, quien acuñó el concepto de “Estado hueco” para así ilustrar la difuminación de la autoridad estatal hacia abajo por parte de autoridades locales y regionales, hacia los lados por parte de ONG'S y empresas transnacionales y hacia arriba por parte de instituciones internacionales. En la misma línea y previo a Strange podemos colocar a Carl Schmitt y su obra Tierra y Mar en la cual desarrolla y prevé que, en un mundo totalmente interconectado vía el comercio como propugna el Liberalismo, quien gana es una sociedad internacional compuesta por los actores internos de los Estados (sobretodo Empresas y ciudadanos) en detrimento de estos últimos. Por tanto, éstos, al ver su soberanía debilitada, encuentran la única manera de sobrevivir estos embates en la construcción de grandes espacios.
Si uno piensa en un gran espacio, lo primero que se le viene a la mente es la Unión Europea, un gran espacio geográfico de alcance continental unido por una moneda común. Pero lo mismo podríamos decir de India o China que, si bien tienen grandes extensiones territoriales, son Estados. Lo que une a todos estos casos y por lo que podríamos considerar a China, Irán e India como grandes espacios es que son Civilizaciones. Las civilizaciones son grandes espacios ya que no solo se extienden sobre la geografía y sus tres dimensiones espaciales (arriba/abajo, izquierda/derecha, adelante/atrás), sino que también se extiende por la cuarta dimensión: el tiempo. En este sentido entendemos que la civilización es la mayor construcción humana por excelencia porque en un espacio geográfico logra mantenerse como una construcción hegemónica centenaria o milenaria resistiendo adversidades externas. Esto solo se explica porque es el máximo nivel de articulación propio de todos los orbes de la vida humana: política, social, económica, teológica, cultural y filosófica. Todo esto para conformar una matriz de pensamiento autóctona que defina lo civilizado y al ser civilizado. Es desde este lugar que algunos Estados protagonistas del actual tablero global se posicionan para reivindicarse frente a la Globalización liberal que buscaba hacer la máxima construcción humana: una única civilización universal que no era otra que la civilización occidental. De aquí la potencia de ese discurso.
Por todo esto, este particular cambio de hegemonía viene aparejado no solo de una simple redistribución de las cuotas de poder entre los actores estatales que lo componen, sino además por un cambio de los paradigmas que digitan las dinámicas del sistema y relaciónales entre los actores ya no solo estatales sino también no estatales y supraestatales.
Frente a las nuevas dinámicas de poder y del sistema es que el orden liberal es cuestionado y empieza a reformarse.
Esto fue lo que Amitav Archaya desarrolló en su ensayo del 2017 titulado “After Liberal Hegemony: The Advent of a Multiplex World Order”. Aquí Amitav destaca los 4 pilares de este orden: el libre comercio; las instituciones multilaterales de posguerra; el crecimiento de la democracia; y los valores liberales.
En cuanto al libre comercio, desde el 2010 creció a un modesto ritmo anual del 2%; dato que podemos extender a 2026 con crecimientos desde 2022 que no superan el 3%. A esto se le suman los sentimientos antiglobalización de EEUU reforzados con la segunda administración Trump y sus aranceles para combatir esa situación percibida injusta. Además, hay que agregar los ataques estadounidenses a Irán y el cierre del estrecho de Ormuz que amenazan con una estanflación global.
En cuanto a las instituciones multilaterales de posguerra, existen otros organismos multilaterales que otorgan otras vías de gobernanza global cuyo origen no está vinculado a EEUU y sus intereses. En el año 2025 el caso que más resuena es el de los BRICS+ y sus sucesivas incorporaciones. Cabe destacar también que es el propio Estados Unidos quien descree (sobre todo con la administración Trump) en tales instituciones y su multilateralismo asociado, prefiriendo acuerdos bilaterales.
En cuanto al crecimiento de la democracia aquí Amitav es impreciso ya que un término más adecuado es el crecimiento de la democracia liberal. Más allá de la denominación, es claro que el crecimiento de este sistema post-Guerra Fría se detuvo para la década del 2000 con la promesa incumplida de la Primavera Árabe, y los retrocesos en Egipto y Tailandia. A este diagnóstico 8 años después se le agregan la retirada estadounidense de Afganistán en 2021, los ciclos de Golpe de Estado panafricanistas en África y la experiencia de Jair Bolsonaro en Brasil (2019-2022) y Javier Milei en Argentina (2023-2027). Por otro lado, Amitav destaca también el avance de las extremas derechas dentro el propio occidente. A los casos dados en 2017 hoy podemos agregar los partidos español VOX, alemán AfD y británico Reform UK.
Con respecto a los valores liberales, Estados Unidos recibió un golpe que significó la victoria de Trump en su poder blando dependiente del atractivo de su política interna, su cultura y sus instituciones. Por ejemplo, las acciones de ICE contra los migrantes y la declaración de zona de guerra de Chicago a nivel interno y a nivel externo la captura de Nicolas Maduro violando el Derecho Internacional central en la concepción liberal. Frente a los dos últimos puntos cabe destacar la victoria de Zohran Mamdani y una evidente grieta por la duda ontológica y perfil de Occidente en su declive relativo, según Gabriel Merino en una entrevista.
En contraposición, las potencias emergentes (en concreto Rusia, China e India), si bien no estaban preparadas aún para aprovechar la crisis del orden liberal ya que son beneficiarias del mismo, en especial China que apoya el libre comercio en contra por ejemplo de los aranceles de Trump, no había en 2017 coordinación ya que Rusia desde la disolución de la Unión Soviética era la menos interesada en que el orden liberal continúe. Además existen las disputas fronterizas de China con el Sudeste Asiatico e India. Sin embargo, aunque estas sean parte y brinden apoyo al sistema en el corto plazo; si su demanda de reforma para ampliar su voz e influencia no se ve satisfecha, estas han de descartar todo nuevo esquema propuesto por Occidente. Al mismo tiempo, Occidente deberá negociar con estas potencias para mantener aspectos del orden liberal. Construyendo así un mundo múltiplex.
La construcción de tal orden avanzó con la invasión de Rusia a Ucrania, y la expulsión de Occidente al gigante euroasiático del sistema financiero global, que sobrevivió de todas formas gracias a su alianza con China. Además, China avanzó en sus diálogos con India cuyo primer ministro Modi ha tenido con Trump tensiones personales y diplomáticas, llevando a los tres grandes de Asia a reunirse en dos ocasiones en las cumbres de la Organización de Cooperación de Shanghai(OCS). A esto se agrega el desacople entre China y EEUU en su intercambio comercial sobre todo por parte de EEUU en cuanto a por ejemplo el suministro de tierras raras y China de la compra de granos. Por otro lado, también está la realidad de que China en sus términos logró que Arabia Saudita e Irán logren restablecer las relaciones diplomáticas mientras EEUU necesitó de Turquía para que, al menos en principio, su plan de paz sobre Gaza tenga apoyo en la región. Todo esto sumado al abandono definitivo de Estados Unidos de su rol hegemónico con los ataques unilaterales a Irán en defensa del proyecto de Israel.
En este sentido frente a la discrecionalidad y arbitrariedad del bloque occidental, los BRICS+ y demás bloques tejen sus propias redes de apoyos y alianzas, pero, o no son formales como en el G7, o no tienen aún las capacidades de hablar de igual a igual con Occidente; éste último no solo se niega al diálogo sino que además lo ha depreciado o directamente castigado. Como ejemplos están, por un lado, el accionar ruso y chino no formal apoyando a Irán frente a los ataques israelíes y estadounidenses, las acciones de Occidente contra Rusia y por consiguiente la desconfianza de Putin a los nuevos esquemas de Trump para terminar la guerra, los aranceles de Trump a todo el mundo, el desplante europeo al grupo de la CELAC en la cumbre realizada el 2025 en Colombia o que la propia Unión Europea mande a revisar el acuerdo de libre comercio negociado con el Mercosur mientras este se aplica transitoriamente (hasta que falle el Tribunal europeo)
Todo muestra que en este rearmado del orden internacional estamos en la fase de caos sistémico en el cual el ya viejo orden liberal aún no muere y el mundo multiplex no termina de nacer.
Por la variedad de bloques y Estados emergentes se podría hablar de multipolaridad como el sistema internacional en la época de los imperialismos europeos pero no es así debido a la multiplicidad de actores no solo los estatales y no solo europeos, la interdependencia económica ya no solo comercial como el siglo XIX sino también de finanzas, redes de producción y cadenas de suministro globales. También existe una mayor densidad de instituciones globales y regionales como la complejidad de los desafíos al orden y la estabilidad que sobrepasan las fronteras nacionales y están magnificados pro los anteriores puntos como el cambio climático, el terrorismo como vemos en la zona el Sahel.
Por todo esto el nuevo mundo de carácter multifacético ya no abandonará la globalización sino que se cambiará del eje “libre comercio" por el “desarrollo” focalizándose en la infraestructura y los vínculos Sur-Sur.
Ahora bien, si el Sur Global será el protagonista ¿desde qué posición promoverá los cambios y qué aportes harán al mundo multiplex? Aquí entran otros dos autores: Enrique Dussel y Yuk Hui.
Dussel realiza un recorrido histórico de la Modernidad en sus diferentes etapas alcanzando esta su cenit en la etapa liberal capitalista que propone una concepción concreta de cultura, desarrollo y técnica. A esto se le opone la Transmodernidad siendo la superación de ese proyecto desde la exterioridad; ese margen de alteridad radical que fue impuesto por el “ego” europeo a toda cultura subalterna y saber silenciado que la Modernidad (caracterizada como la razón intelectual europea) no pudo absorber/incorporar. A partir de esto será el diálogo inter civilizatorio el cual construirá no un relativismo sino una nueva universalidad surgida de un intercambio simétrico cuyo objetivo político sea la liberación y el desarrollo autónomo.
Yuk Hui respondiendo a Heidegger en “La pregunta por la técnica” desarma la valoración europea del concepto de la técnica moderna y su supuesto carácter universal.
Con el mito de Prometeo quien robó el fuego a los dioses y lo entregó a los humanos, Heidegger plantea la relación entre la naturaleza y la humanidad. Por un lado, la naturaleza está oculta y la Humanidad, en vez de descubrirla respetando el misterio de lo oculto(Aletheia), la interpela de manera total negando su esencia convirtiéndola en un simple instrumento/reserva(Gestell). Un ejemplo es que el bosque que se podría contemplar y admirar en su belleza se convierte en una reserva de madera. Además su cualidad queda reducida a una medición de su eficiencia y el mundo se convierte en un sistema de ecuaciones. Por otro lado según Heidegger cuando se desoculta todo, todo es olvidado. Esto también le ocurre a la técnica cuyo significado se olvida y se convierte en una herramienta neutral y todo lo que no es tecnológico queda oculto y olvidado. Por este motivo Heidegger considera que el Gestell es un destino inevitable porque este último configura el mismo pensar y se convierte en el único horizonte porque se refuerza a sí mismo
Sin embargo para Yuk Hui esto no es así ya que según él, Heidegger peca de eurocéntrico y no entiende que la “universalidad” del Gestell es consecuencia del colonialismo y no de un determinismo metafísico. La evolución Aletheia-Gestell corresponde entonces a una metafísica particular o cosmotécnica. Cada civilización se relaciona de manera técnica con el orden cósmico vía una ética concreta generando así una Tecnodiversidad. Un ejemplo es el mito de Shennong, un antiguo dios granjero que por experimentación inventó el arado y lo enseñó a los hombres. Aquí hay armonía entre Humanidad y naturaleza.
De aquí entendemos que en el mundo multiplex, las civilizaciones del Sur Global en su exterioridad desde sus márgenes de alteridad y su esquema de conocimiento (ética y técnica) dialogarán para repensar su desarrollo común y plural. Quien en cambio se subordine a otro esquema o a las dinámicas del debate occidental, negará la discusión global y quedará relegado en el escenario internacional.
Hasta aquí entendimos que la Civilización es un concepto fundamental para la no subordinación al bloque occidental noratlántico. En este sentido vale recuperar un concepto específico de Marcelo Gullo: el umbral de poder. Este es el poder mínimo que necesita un Estado para tener autonomía y no caer en la subordinación. Sin embargo, este es relativo al momento histórico y depende del poder de otros Estados. De aquí que España en el Siglo XVI haya elevado el umbral de poder al convertirse en un Estado-nacional dejando relegado a otras unidades políticas como las ciudades-estado itálicas. Luego Gran Bretaña además de consolidar el poder estatal consolidó su poder industrial elevando aún más el umbral de poder. A esta le siguió Estados Unidos que consolidó su poder continental con una gran extensión territorial y gran población. Podríamos decir entonces que para no caer subordinados ahora haría falta un Estado-continental.
Sin embargo, América Latina no posee Estados con un pasado milenario por lo que podría parecer más que nunca lejano la autonomía frente a las grandes potencias y su matriz de pensamiento no difiere mucho de Occidente aunque la mayoría de los occidentales noratlánticos no nos piensen como tales. Sin embargo, lo que importa como ya se mencionó es no caer subordinados a las dialécticas extrañas y convencidos de que ningún Norte es la solución, debemos entender que la reivindicación nacional en términos emancipatorios según Mbuyi Kabunda con la construcción de un Estado continental conocido como Patria Grande es el objetivo último de nuestra región.
Tal vez sea más complicado, después de todo como diría Amelia Podetti en La irrupción de América en la Historia ésta región es la última en ingresar en la Historia y así esta se volvió universal. Somos entonces los últimos de todos los procesos sistémicos a nivel internacional en cuanto a transición hegemónica y somos por tanto el último espacio de disputa.
Sin embargo, también somos por nuestro carácter de últimos, los que vemos la Historia en su universalidad y si lo combinamos con nuestra propia experiencia en nuestra propia realidad tal vez se constituya ese Estado continental que descansa sobre un espacio civilizatorio que dió por ejemplo a las civilizaciones mesoamericanas y que aportó nuevas dimensiones de pensamiento y accionar a la Civilización Occidental como la Teología del Pueblo al Catolicismo.
Por lo que tal vez en la milenaria historia humana, la construcción de la independencia continental de la Patria Grande sea el fin de nuestra corta introducción como occidentales periféricos y a partir de allí y desde nuestra alteridad, absorbiendo lo mejor de Occidente, ese hecho indique el comienzo de una nueva y larga historia civilizacional en el y desde Fin del Mundo.