Por Bautista Araoz Bugallo

La causa Malvinas volvió a estar en la agenda internacional a raíz de los comentarios vertidos por el presidente Donald J. Trump, quien puso en duda el sostenimiento del apoyo norteamericano al Reino Unido sobre la ocupación ilegal británica en Malvinas.
En este contexto de cierto apoyo encubierto a la Argentina, el presidente de la Nación, Dr. Javier G. Milei, decidió realizar una cadena nacional.
En su mensaje, el presidente anunció medidas que se tomarán para limitar la explotación británica de hidrocarburos en la región y sus planes para retomar la soberanía de las islas. Se incluyeron también medidas diplomáticas de búsqueda de apoyo de otros Estados con la causa y promoción de diálogo con el Reino Unido; económicas, tales como sanciones a empresas que exploten los recursos naturales de la región; y se apostó por un uso disuasivo del “Hard Power” al fortalecer las Fuerzas Armadas y anunciar la creación de una base militar en la provincia de Tierra del Fuego.
A pesar de generar un efecto en algunas empresas, que decidieron abstenerse en ciertas actividades, especialistas en las relaciones internacionales sostienen que este efecto no perdurará en el tiempo, y que lo mejor que podemos hacer en el contexto actual es recurrir a las instituciones multilaterales tales como la Asamblea General, el Comité de Descolonización C-24, CONVEMAR; y así lograr llegar a una mesa de negociación argentino-británica para reclamar por la soberanía, la descolonización, la explotación y mediar un acuerdo entre ambas partes.
La noticia de Inglaterra sobre el contrato de mantenimiento, valuado en aproximadamente US$ 250.000, destinado a la flota de vehículos pesados de la base de Mount Pleasant, constituye en consolidar su presencia militar en el Atlántico Sur en vistas al continente blanco.
Esta política se articula mediante un esquema logístico que incluye la rotación de unos 1.200 efectivos permanentes, junto con la realización de ejercicios militares que contemplan el despliegue de cazas Eurofighter Typhoon y aviones de transporte A400M Atlas.
Esta sin duda es una noticia desalentadora para la Argentina, ya que deja en evidencia cuán lejos están las Fuerzas Armadas argentinas de un presupuesto competente contra el del Reino Unido y lo lejos que está la idea de establecer una mesa de negociación. Sin embargo, durante la última década se han visto una variedad de formas de poder enfrentarse a otro Estado fuera del campo de batalla, y la guerra Ruso-Ucraniana es un ejemplo de esto.
En el conflicto, que demás está decir ya lleva 4 años en vigencia, se han observado distintas técnicas utilizadas por el Kremlin para influenciar tanto a sus ciudadanos como a los ciudadanos de países limítrofes que la invasión era un acto legítimo por parte de Rusia y un acto de liberación de la opresión ucraniana, además de utilizar técnicas de demonización hacia Ucrania visibilizando grupos menores de neonazis que no representan a la población en general y menos al gobierno ucraniano. Esto se realizó mediante una técnica de difusión sistemática de información falsa o manipulada. Y con un plan estratégico basado en distintas acciones entendiendo que un conflicto no se gana solamente destruyendo las capacidades militares del adversario, sino también modificando la manera en que sus dirigentes y su población interpretan la realidad y toman decisiones.
La guerra cognitiva parte de una ampliación del concepto tradicional de guerra. El objetivo no es únicamente atacar al ejército enemigo, sino influir sobre la percepción, las emociones, las creencias, la voluntad y la capacidad de decisión de las personas.
Esto significa que una operación puede ser considerada exitosa incluso sin destruir infraestructura militar si consigue, por ejemplo, que una sociedad pierda confianza en sus instituciones, que un gobierno tome decisiones equivocadas o que la población deje de creer que puede ganar un conflicto. Otra de estas técnicas sería la saturación mediante numerosos mensajes, versiones contradictorias, rumores, memes, videos y publicaciones; todos medios que pueden generar fatiga informativa y provocar en la persona el optar por no tomar una posición en el asunto, por ya no saber qué es real y qué no.
Este es simplemente uno de los ejemplos que nos ofrece el sistema internacional para librar la batalla sin agarrar las armas, pero Rusia no es el único ejemplo de esto. Estados Unidos ha utilizado “Operaciones Psicológicas” para evitar que sus actos a nivel nacional tengan mayores consecuencias de las que beneficiarían al Estado norteamericano.
Estas son un conjunto de estrategias diseñadas para modificar percepciones, influir en actitudes y alterar comportamientos en individuos y grupos. Estas operaciones son una herramienta esencial en inteligencia militar, política y económica, permitiendo la manipulación de la información con el fin de lograr objetivos estratégicos. Las mismas se clasifican en blanco, gris y negro dependiendo de qué tan pública o secreta y si son hechos reales o falsos, pudiendo ser aplicadas en política, economía, guerra, entre otros espacios. Estas fueron recientemente favorecidas por el avance de las inteligencias artificiales que permitieron reducir los tiempos y ampliar la capacidad de acción.
Las Operaciones Psicológicas y constituyen una de las herramientas de mayor relevancia dentro de los ámbitos de la inteligencia y la seguridad internacional. Su capacidad para influir sobre las percepciones, generar inestabilidad política y modificar dinámicas sociales las convierte en un instrumento de importancia creciente en los conflictos contemporáneos.
La disputa por las Islas Malvinas no se libra únicamente en el terreno territorial o diplomático. En un escenario internacional cada vez más atravesado por la información y la tecnología, los Estados también compiten por influir sobre la manera en que las sociedades interpretan la historia, la legitimidad y el futuro de los conflictos. El terreno cognitivo se convirtió así en un espacio más de disputa, donde las percepciones pueden adquirir tanta relevancia como las posiciones formales de los gobiernos.
El avance tecnológico amplió considerablemente el alcance de las Operaciones Psicológicas (PSYOPS), que hoy pueden desarrollarse a través de redes sociales, medios de comunicación y otras herramientas digitales. Su utilización en conflictos híbridos, procesos electorales y disputas por la influencia informacional demuestra que la lucha por imponer una determinada narrativa forma parte de las estrategias contemporáneas de poder.
En este contexto, estas herramientas deberían comenzar a ser consideradas dentro de la estrategia argentina para la cuestión Malvinas. Instituciones vinculadas a la inteligencia y la seguridad, como la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), podrían desarrollar capacidades destinadas no solo a detectar y contrarrestar campañas de desinformación, sino también a fortalecer la presencia de la posición argentina en el debate internacional.
La recuperación de la soberanía sobre las islas no depende exclusivamente de la capacidad militar o de la negociación diplomática. También existe una disputa por la legitimidad y por la forma en que la comunidad internacional interpreta el conflicto. Incorporar esta dimensión cognitiva permitiría ampliar las herramientas con las que Argentina aborda una causa que, después de décadas, continúa sin una solución definitiva.