Entre la historia y la actualidad, repasamos por qué se lo conoce como “Día del Maestro” y dónde estamos parados en cuanto a la educación.
Por Paula Mandujano Agüero

El pasado viernes 11 de septiembre, como todos los años, nuestro país conmemoró a quienes han tomado por vocación la enseñanza. El Día del Maestro se inscribe en este día en particular debido a que es la fecha del paso a la inmortalidad de Domingo Faustino Sarmiento.
Sin dudas, el “padre del aula” fue un hombre de muchas facetas: escritor, militar, periodista, gobernador, embajador, presidente, senador y ministro del interior. Sin embargo, su magnum opus trasciende el cargo institucional. Domingo Faustino imaginó la construcción de un sistema de formación docente y de expansión de la educación primaria. Durante su estadía en Estados Unidos, había prestado especial atención al funcionamiento del sistema educativo. Al volver a la Argentina, ya como Presidente, Sarmiento buscó transferir aquellas experiencias pedagógicas y modelos de organización escolar que tanta admiración le suscitaron. Para ello, debió ejecutar un programa de conducción política.
La fundación de escuelas estatales fue solamente el puntapié inicial para consolidar un sistema educativo argentino capaz de sostenerse en el tiempo. La fundación de la Escuela Normal de Paraná, en 1870, se posiciona como el gran hito fundacional del normalismo argentino: los docentes forman a otros docentes. Este mecanismo hizo que el normalismo constituyese, durante décadas, una estrategia del Estado para crear un cuerpo docente especializado y extender la escolarización.
Es importante repasar esta historia porque la figura de Sarmiento ha sido recientemente resucitada a través de la inteligencia artificial. Y el propulsor de semejante aparición es nada más y nada menos que Javier Milei.
“Así que critican tus formas, don Javier.”
“Sí. Viven criticando. Mi tono, mis formas, mi vehemencia.”
Dialogan el expresidente y el actual, sentados en un despacho ambientado en épocas antiguas. Coinciden en que ambos fueron llamados locos y…
“Es que cuando la barbarie impera, las cosas no se logran con tibieza. Es el costo de servir a la patria enfrentando a quienes promueven su atraso”, dice Sarmiento, en concordancia con los padecimientos de Milei.
Queda a criterio individual la certificación de realismo que pueda tener este diálogo imaginado: si el desprecio que Sarmiento expresó por unos cuantos pudiera ser comparable a la batalla cultural que Milei propone encabezar; o si quien buscó ser estadista podría siquiera sentir tener algo en común con quien profesa despreciar ilimitadamente al Estado. Más allá de esto, quien sueña con la política –en cualquiera de sus formas– se ha imaginado cómo sería tener una conversación con un prócer admirado. En el caso de Sarmiento, debe haber varios en fila para atender su despacho. Otros, pese a respetar su obra, sienten que no podrían tener una charla de café con él (véase: el objeto y el tono despectivo utilizado en la descripción de la “barbarie” en Facundo).
Volviendo a la realidad (y más allá de contentos o descontentos con la figura conmemorada en el Día del Maestro), nos encontramos actualmente ante un tiempo que lucha para poder mantener viva la obra que inició Sarmiento.
Recientemente se han revelado los resultados de la Evaluación PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), “un estudio internacional organizado por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que evalúa los logros de aprendizaje de estudiantes de 15 años en Matemática, Lectura y Ciencias” (como lo describe la página web del Gobierno). De esta evaluación, se han sacado las siguientes conclusiones:
Al presentar estos resultados en el sitio web gubernamental, el Ministerio de Capital Humano responsabiliza a las gestiones anteriores con la siguiente declaración: “Como consecuencia directa de las políticas educativas aplicadas por las gestiones anteriores, se registró una caída de los aprendizajes en Ciencias, Lectura y Matemática. Si bien los resultados se inscriben en una tendencia global de estancamiento y descenso, en la Argentina el retroceso se produce sobre un punto de partida que ya era bajo y evidencia una situación crítica en los aprendizajes”.
De esto pueden desprenderse dos disparadores de análisis. El primero consiste en una conciliación con las palabras escritas por el Ministerio de Capital Humano. Argentina carece, desde la vuelta a la democracia, de un programa de políticas educativas (nacionales o provinciales) sostenidas a través de los pasos de mando.
El caso de la Provincia de Buenos Aires ha sido particularmente desconcertante. Con el inicio de la pandemia, la evaluación pasó a estar vinculada con el “acompañamiento de las trayectorias” y con la valoración de los aprendizajes efectivamente alcanzados en un “contexto excepcional”. Con el regreso a la presencialidad, en 2022, la Provincia se propuso evitar que los alumnos repitan el año lectivo. A partir de 2023, se impulsó un nuevo sistema de evaluación no numérica, cuya lógica consiste en acreditar aprendizajes. Finalmente, en 2024, el Consejo General de Cultura y Educación aprobó la actualización del Régimen Académico mediante la Resolución 1650/24. De esta forma, la Provincia presentó la reforma como parte de una transformación integral de la escuela secundaria. Las calificaciones numéricas volvieron a tener un lugar explícito dentro del nuevo régimen, aunque no de la misma forma prepandémica. Actualmente, la evaluación se organiza alrededor de los aprendizajes y las trayectorias, pero los estudiantes reciben calificaciones numéricas en sus materias.
Puede resultar bastante desalentador ver que no existen políticas estatales diseñadas y acordadas para trascender mandatos, y a su vez ver que se diseñan sistemas de evaluación centrados en la no-repetición. Será muy difícil para la Argentina producir mentes excelentes cuando los sistemas propuestos no hacen del alumno su versión más excelente.
Yendo al segundo disparador de análisis, también es desalentador que la clase política se dedique a culpabilizar a su predecesor, una y otra vez.
Poco nos servirá traer de vuelta a Sarmiento como holograma de la inteligencia artificial si no se propone un plan de acción público que transforme las vidas, impulse las mentes y cambie los futuros de los alumnos.
La mayor de las barbaridades es dejar solos a los maestros. Es poco civilizatorio.