En un panorama internacional de numerosas tensiones, donde cualquier chispa es propensa a encender un incendio, surge la duda: ¿Ha perdido influencia la ONU?
Por Patricio Esquivel

“Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás” Esa es una de las cuantas declaraciones que se escuchan en la escena internacional de hoy en día, en un mundo (quizá) sobre-globalizado en cuanto la propagación de información. El problema es, si teniendo en cuenta este tipo de declaraciones, ¿por qué nunca escuchamos el reproche de las Naciones Unidas? ¿por qué las actuaciones de los más poderosos pasan desapercibidas ante el ente de regulación mundial?
Para desglosar esta cuestión es necesario ubicar el órgano encargado de la toma de decisiones más dinámicas y sentenciales: el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que hoy cuenta con un sistema contraproducente para el impulso de resoluciones. Para que una medida sea aprobada debe contar con los 5 votos a favor de todos los miembros permanentes (P5 más adelante) de dicha comisión: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Rusia, acompañado de 4 votos de los miembros transitorios. Este sistema, designado en su época para que el P5 vele por la seguridad mundial, ha imposibilitado alcanzar regulaciones que resulten exitosas para las problemáticas actuales, ya que cada una de las potencias está comprometida solo con sus intereses geopolíticos, sus alianzas y sus campañas militares.
Algunos ejemplos recientes de esta ineficacia son la prolongación de 9 meses para la ayuda humanitaria en la frontera Siria (por veto ruso), o el veto Norteamericano a la propuesta Brasileña para evitar políticas de migración israelí por territorio en conflicto, así como también y la búsqueda de “pausas humanitarias” para brindar asistencia a los refugiados en Gaza. El director ejecutivo de Oxfam Internacional, Amitabh Behar, expone el choque de intereses entre el mundo y el P5 con datos: “En la mayoría de los casos, los vetos de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad han ido en contra de la voluntad de la Asamblea General, en la que están representados todos los Estados" .
¿Cuál es la solución? Primeramente se debería abandonar la idea de disolver completamente la ONU. A pesar de su creciente ineficiencia jurídica, sus acciones humanitarias para el regocijo de refugiados y el impulso de medidas a favor de las minorías marginalizadas continúan siendo un faro de luz en una tormenta mundial.
De todas las medidas posibles, compartidas por profesionales y amateurs a través de los diversos medios de comunicación, la incorporación de India como un nuevo miembro permanente es la más popular. Otra alternativa es una modificación drástica para la herramienta de veto, que requiera el rechazo de 2 o más miembros permanentes con el fin de negar la voluntad de la mayoría.
De igual manera, las posibilidades para que un cambio ocurra son lamentablemente bajas. Como es sabido, el mayor contribuidor económico de la institución es Estados Unidos, y el impacto que tendría el cese de su ayuda en el pilar de la cooperación mundial podría ser devastador. No existe igualdad si algunas opiniones son más importantes que otras y no existe diplomacia sin un lugar donde llevarla a cabo. Reformar el sistema tendría un impacto monstruoso en el poder real de la ONU; sin el reconocimiento de los líderes actuales, es probable que la poca influencia restante se anule, perdiendo todos los avances realizados. Por lo cual, frente a un problema de esta índole, si es que la solución existe, todavía no tiene nombre, fecha ni actor.