Por Valentin Minha

En tiempos como los de ahora, en los que el orden internacional parece quebrantarse cada vez más, es fundamental mirar hacia el pasado y entender la relevancia de este período en la historia en el que grandes potencias intentaron, por primera vez, organizar conjuntamente el orden y el mantenimiento de la paz.
En un contexto en el que Europa se vio sumida por más de una década en una serie de guerras derivadas del proceso revolucionario francés, las monarquías absolutas hicieron todo lo posible para restablecer el orden previo a la Revolución Francesa –o mejor conocido como el Antiguo Régimen– y frenar a toda costa un proceso revolucionario liberal que ya era imposible de contener.
Luego de la batalla de Waterloo, los líderes europeos, entre ellos el primer ministro de Austria Klemens von Metternich, llevaron a cabo una serie de reuniones diplomáticas conocidas como “El Congreso de Viena”. Estos encuentros se basaron en ciertos principios que se tuvieron en cuenta a la hora de rediseñar la política internacional europea; entre ellos estaban el principio de legitimidad de los reyes, el equilibrio de poder para evitar futuros “Napoleones”, contener a Francia y compensar territorios para mantener dicho equilibrio.
A partir de este orden establecido en 1815, surgió la necesidad de garantizar su continuidad en el tiempo a través de un sistema informal de cooperación llamado “El Concierto de Europa”.

En palabras de Richard Haas, la relevancia del Concierto de Europa radica en que fue “el más importante y exitoso esfuerzo por mantener el orden internacional hasta nuestros días”.
Lo que podemos aprender hoy de este período es su forma de mantener la seguridad y el orden incluso en un sistema tan inestable como lo es el multipolar. Si bien Estados Unidos sigue siendo el país hegemónico y parece que va a seguir siéndolo por un tiempo, analistas internacionales se preocupan por el ascenso de otros países, como China.
Según Haas, el hecho de que el Concierto haya preservado la paz a pesar de las diferencias que puede haber entre países liberales como Francia y el Reino Unido con sus aliados más conservadores, nos muestra que países con sistemas políticos distintos pueden trabajar juntos en función del orden internacional.
En este sentido, el autor sugiere que Estados Unidos intente establecer un concierto contemporáneo; “ambicioso pero necesario”.