La dicotomía que puede determinar las próximas elecciones.
Por Felipe Ruffino

Comenzaron los diálogos de cara a las elecciones presidenciales del 2027 y lo que prima es la incertidumbre. Del panorama político actual solo hay una cosa que el electorado si tiene en claro, y es que Victoria Villarruel y Javier Milei son dos nombres que ya no van de la mano. Lo que en un inicio podría haber parecido una discordia sin trascendencia en el largo plazo, hoy es uno de los mayores condicionantes para la definición de la nueva identidad que debe forjar La Libertad Avanza para las elecciones del año que viene.
Para comprender la magnitud de la situación, hay que remontarse a la campaña del 2023. En aquel entonces, la Libertad Avanza había logrado combinar dos banderas ideológicas que resultaron clave para formar una identidad partidaria capaz de ser competitiva entre la oferta politica que existía: la primera era la de una economía sin intervención estatal que fomente la inversión y la renovación del mercado laboral (mejor representada por la figura de Javier Milei), y otra bandera era más de corte nacionalista, conservadora y católica, que reivindicaba una revisión de la historia argentina reciente, particularmente del periodo 1974-1983 (posición más ligada a Victoria Villarruel).
Esta combinación ideológica, así como el precedente favorable de no haber gobernado anteriormente, permitió que LLA genere una base de votantes amplia, agrupando personas que se sintieran identificadas por una u otra bandera. Además, las figuras que las encarnaban se complementaban estratégicamente para brindarle una imagen bicéfala al partido: Milei caracterizado por su actitud dramática y Villarruel por su conducta frontal y tajante. En definitiva, se trataba de un partido con dos líderes claros que se sostenían mutuamente. No obstante, este esquema comenzó a quebrarse muy tempranamente.
Una de las primeras controversias que inició la división entre estos líderes y que confundió a gran parte del electorado fue la reunión de la vicepresidente con María Isabel Martínez de Perón en octubre de 2024. A pesar de no haberse tratado de un evento con un impacto tangible en el desarrollo de la gestión, el encuentro sí dio la pauta de que Villarruel era una figura con una autonomía considerable, siendo capaz de tomar decisiones (aunque de tipo discursivo y simbólico) que no necesariamente fueran de la mano con la postura del presidente. Normativamente hablando, la figura del vicepresidente en Argentina es una que no tiene mucha capacidad de acción por fuera de lo estrictamente concerniente al Senado de la Nación, pero el hecho de que la segunda persona con más protagonismo en la fórmula del 2023 comience a emitir mensajes por su propia cuenta significó un impacto importante para la identidad que había construido La Libertad Avanza.
A esta inesperada reunión la sucedieron múltiples (y muy explícitas) críticas a las reformas con la que procedió el gobierno, lo que generó este extraño fenómeno de oposición y oficialismo en simultáneo que protagoniza la vicepresidente hoy en día. El quiebre es tal que Miguel Ángel Pichetto, presidente del partido Encuentro Republicano Federal, aseguró que Villarruel será candidata a presidente en 2027 por fuera de La Libertad Avanza. Por supuesto, esta actitud de repudio sistemático le valió a Villarruel el desprecio de figuras clave para la gestión, como Patricia Bullrich, Diego Santilli, y Javier Milei, quien ha intentado aislarla del panorama político para evitar que creciera su imagen.
Sin embargo, el daño ya está hecho. A pesar de no tratarse de una figura política con una gran capacidad de conglomerar al electorado, Villarruel es una de las pocas personas en el escenario político actual que representa los valores conservadores que alguna vez había portado La Libertad Avanza. Presentarse por fuera del partido significa arrancarle a LLA una masa importante de votantes, que podrían ser más propensos a buscar otras alternativas antes que votar nuevamente a Milei.
Este es precisamente el desafío al que se enfrenta La Libertad Avanza, aunque no significa necesariamente que la vacante de conservadurismo dentro del partido deba ser cubierta por alguien de la mismas características de Villarruel (ni que deba ser cubierta en absoluto). Lo que esto sí puede significar es que La Libertad Avanza busque reinventar su identidad para poder competir en las próximas elecciones. Esto último, junto con la pérdida de popularidad paulatina del presidente, explicaría en gran parte el comienzo de las negociaciones entre LLA y PRO para definir el curso de acción en el año próximo: habiendo perdido uno de sus matices característicos (conservadurismo alternativo al peronismo de derecha) es probable que se pueda llegar a buscar una alianza que le otorgue y le reconozca un papel central al PRO.
Sin dudas, el panorama que atraviesa el gobierno es complicado, y ello se entiende por su falta de identidad. Lo que en un principio pareció ser un simple desacuerdo entre el presidente y la vicepresidente, hoy representa una de las dificultades más importantes para La Libertad Avanza en el corto y mediano plazo.