¿Puede un sistema basado en la segregación y la desigualdad desaparecer por completo?
Por Jazmin Diaz Leanza

Aunque el apartheid sudafricano fue abolido hace más de treinta años, sus consecuencias continúan presentes y su legado sigue generando debates en todo el mundo.
El apartheid fue un sistema formal de segregación y opresión racial en Sudáfrica que se extendió desde 1948 hasta principios de la década de 1990. El término, que se traduce como "separación", refleja su principio fundamental de dividir a la población en grupos claramente definidos: blancos, mestizos y negros. Bajo este régimen, la minoría blanca ejercía un control absoluto sobre los otros grupos, imponiendo leyes que regían prácticamente todos los aspectos de la vida, incluyendo dónde podían vivir y trabajar las personas.
La presión internacional para el cambio creció a lo largo de las décadas, culminando en el desmantelamiento gradual de las políticas del apartheid, a partir de finales de la década de 1980. En 1994, Sudáfrica celebró sus primeras elecciones multirraciales, que llevaron a la presidencia al reconocido Nelson Mandela y al establecimiento de una nueva constitución destinada a reparar las injusticias del pasado.

Sin embargo, el legado del apartheid sigue siendo un tema complejo en la Sudáfrica contemporánea, ya que la nación continúa enfrentando persistentes desigualdades raciales y diversas repercusiones de su histórica división.
Un informe del Banco Mundial sobre la desigualdad en África Meridional elaborado en 2022 otorgaba a Sudáfrica la triste distinción de ser el país más desigual del mundo. En este, se indicaba que el 80% de la riqueza del país estaba en manos del 10% de la población.
El término “apartheid” fue adoptado por la comunidad internacional para condenar y criminalizar este tipo de sistemas y prácticas con independencia del lugar donde existan. Se comete el crimen de lesa humanidad del apartheid (según la Convención contra el Apartheid, el Estatuto de Roma y el derecho internacional consuetudinario) cuando se perpetra una violación grave de derechos humanos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre otro con la intención de mantener ese sistema.
En la actualidad, existe un ejemplo que muchas organizaciones consideran como un sistema apartheid: Israel frente a la población palestina. Este plan tiene la intención de privilegiar a la población israelí judía a expensas de la palestina.

La nueva investigación de Amnistía Internacional muestra que Israel impone un sistema de opresión y dominación a la población palestina en todas las zonas bajo su control y a las personas refugiadas palestinas, a fin de beneficiar a la población israelí judía.
Los palestinos que sufren la brutalidad de la represión de Israel reclaman desde hace más de dos décadas que se entienda el régimen israelí como apartheid. Con el tiempo, ha empezado a cobrar fuerza un reconocimiento internacional más amplio del trato que da Israel a la población palestina como apartheid.
"Hay una asfixia sistemática de los derechos de los palestinos en Cisjordania", declaró el responsable de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk. "Esta es una forma particularmente severa de discriminación racial y segregación, que se asemeja al tipo de sistema de apartheid que hemos visto antes".
El fin del apartheid en Sudáfrica representó una victoria histórica para los derechos humanos, pero también dejó en evidencia que las consecuencias de la segregación pueden perdurar durante décadas.