Por Martina Bagalciaga Reynoso
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Si les dijeran "bienvenidos a la jungla" mientras observan la Casa Rosada, con la bandera argentina flameando en su entrada, y rodeada de pintorescos edificios históricos, dirían que es un error. Pero ¿qué pasaría si la jungla se encontrara en plena ciudad?
Déjenme explicarlo con una anécdota de uno de los mejores rockeros de la historia. Antes de ser Guns N' Roses, buscando suerte en un Sunset Strip plagado de excesos, drogas y violencia, Axl Rose fue asaltado. El delincuente le robó lo poco que tenía y al marcharse, le gritó la ya mítica frase: “You know where you are? You are in the jungle... you’re gonna die!” (¿sabés en dónde estás? Vos estás en la jungla… vas a morir.) Ahora ¿qué pasaría si esa jungla se encontrara en las calles de Plaza de Mayo? ¿O en el edificio frente al Teatro Colón? ¿O si la tribuna popular se equivocara de tribunal? Son lugares distintos y, sin embargo creo notar las mismas formas últimamente.
Personalmente, disfruto del fútbol. Respeto al fanático ferviente que transpira la camiseta, que está en la popular al lado del bombo y las bengalas; ese que a veces está salvajemente fuera de sí por una victoria. Sin embargo, no puedo dejar de relacionar las formas del "hincha de sábado" con las de gran parte de funcionarios. Me resulta contradictorio; ese mismo individuo que ayer insultaba al DT, hoy se pone el traje y la corbata, y entra al recinto, enojado por un “descenso”. Habla con protocolo, pero escupe la misma violencia.
Convengo, entonces, en que hablemos con propiedad. Desenchufarse los micrófonos, gritarse, interrumpirse y amenazarse es un acto repugnante. Kirchneristas, libertarios, del PRO, de izquierda o de centro, sea cuál sea el partido político: los buenos hábitos se aprenden en la casa.
Si son políticos argentinos y están preocupados por su causa, defiéndanla con fervor, les damos la butaca para eso. Pero que el fervor no los convierta en desubicados. Ejemplifiquen valores: escuchen, aunque no concuerden, piensen antes de hablar, discutan con argumentos y no con insultos innecesarios. Lo único que logran con eso es que el pueblo se desilusione, que pierda la esperanza y que deje de importarle. Trabajen para el pueblo y no para su ego.
Para Aristóteles, el comportamiento de un gobernante debe estar guiado fundamentalmente por la virtud, la prudencia y la búsqueda incansable del bien común. En su obra Política, sostiene que el verdadero político se esfuerza por hacer a sus ciudadanos virtuosos y obedientes a las leyes justas.
Reitero, no sean tigres en el recinto; no hace falta. En mi opinión ¿Saben qué hace falta? Decoro. La palabra decoro proviene del latín decorum ("apropiado"), derivado de decus (honor, gracia). Se refiere a la virtud de comportarse de manera digna, honesta y respetuosa según la situación. No hablo de ideologías; hablo de educación. La conducta hace al político, junto con el respeto, la escucha y el trabajo.
No hace falta que se insulten como barrabravas ni que intenten devorarse como leones. No quiero ver la jungla en el Congreso. La jungla es la jungla y la Legislatura es la Legislatura. Hoy parecen lo mismo, y como argentina, me da vergüenza. Me educaron para creer en mi pueblo, en mi provincia y en mi Nación... pero ¿qué pasa cuando nuestra dirigencia no se comporta como nos enseñaron?
¿Qué pasa cuando desde arriba implícitamente nos dicen: Welcome to the jungle?