Por Clara Hoevel
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No es ninguna novedad la grieta política que históricamente ha atravesado a la Argentina y las universidades públicas no son precisamente un ámbito al margen de ella. En los últimos años, con los avances de las redes sociales, la confrontación entre políticas ideológicas dentro de universidades públicas como la Universidad de Buenos Aires (UBA) se ha hecho más que evidente. Diverso contenido audiovisual se ha difundido mediante medios como Tik Tok o X demostrando la profundidad de este enfrentamiento.
Este abril se llevaron a cabo las elecciones para la conducción de centros de estudiantes y consejos directivos en la UBA, en las que la política teñida de ideología partidaria se mostró más patente que nunca. Por primera vez en treinta años se presentó “Somos Libres”-una agrupación de derecha- que según el testimonio de distintos estudiantes, había hecho múltiples intentos previos por presentarse y no lo había logrado por la presión de la oposición. Si bien lograron este año posicionarse como candidatos, los desafíos e impedimentos no desaparecieron sino que recrudecieron teñidos de violencia.
Marco Palazzo, un joven periodista, realizó una cobertura de la semana de elecciones en la UBA. Entrevistó a diversos estudiantes y preguntó sus opiniones sobre las elecciones y particularmente sobre la postulación de “Somos Libres”. Uno de los entrevistados, miembro de la agrupación de derecha, afirma que sufrió agresiones físicas y verbales por parte de otros alumnos además de intentos de proscripción. El mismo entrevistador sufrió estas agresiones, siendo llamado “patético” y “facho”, entre otras cosas. Por otro lado, una militante de la agrupación “Ya Basta” afirma que “Somos Libres” directamente no debería presentarse.
En otro video difundido por el mismo periodista, se ve cómo es nuevamente agredido por diversos alumnos. Si bien este video en particular está recortado y editado, se puede apreciar como un militante le pregunta si es de derecha y cuando el entrevistador dice que sí, el otro le responde diciendo “se los quiere poco a ustedes”, demostrando el fuerte rechazo hacia una ideología particular. Además, muchos alumnos al verse interrogados por el periodista se oponen a ser entrevistados por pertenecer este a una línea de pensamiento concreta.
Me pregunto yo, ¿es legítimo este fuerte rechazo hacia una ideología particular? ¿Es justificada la violencia que reciben los miembros de “Somos Libres” y otros que comparten su línea de pensamiento? Una gran parte de la oposición de este partido aboga por la democracia, defendiéndola como uno de sus principales valores. ¿No es contradictorio la proscripción de un partido en particular con la idea de libertad que tanto se defiende?
Es innegable que la política por excelencia implica adversidad, pero una adversidad que existe a través del debate civilizado y fundamentado, porque construido a través de la violencia deriva en enemistad. Supongo que es válido el rechazo hacia una postura por parte de un grupo numeroso en el caso de que la mayoría no esté de acuerdo con sus propuestas, pero ¿No se debería dejar al menos que exponga sus ideas y visiones? ¿No es acaso un atentado contra la libertad de expresión y la diversidad? La UBA como universidad pública debería ser un espacio de argumentación y construcción comunitaria, no de violencia y rechazo. Las posturas contrarias deberían poder coexistir desafiándose las unas a las otras.
A mi parecer, el rol de la política es fundamental, por lo que la prohibición de la política partidaria dentro de las universidades no constituye una solución adecuada, contrariamente a lo que argumentan algunos sectores. Es esencial para la formación de ideas y de pensamiento crítico, a partir de un espacio de debate argumentado. Por el contrario, la censura y el rechazo hostil generan falta de libertad, odio y por lo tanto violencia, desembocando en un escenario carente de diversidad de ideas, en un monopolio ideológico que profundiza la grieta política argentina.