Por Samuel Pucca
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Al igual que la vida de los artistas, el consumo de sustancias es algo que también está presente en la vida de los políticos, a pesar del daño que causa al interior de uno, no obstaculiza –a veces- éxito en lo exterior. Luces, cámaras y presión, causas de las cuales muchos artistas y políticos comparten y derivan en el escape de la realidad mediante las sustancias. Ambos rubros llevan una vida llena de viajes, entrevistas, televisión, acusaciones, calumnias, etc. Al final de cuentas, son figuras públicas, son “estrellas”. Por lo cual a veces una copa de vino no viene nada mal para relajarse de la turbulencia de la carrera. El problema es cuando uno se pasa de copas y, el cuerpo se vuelve ingobernable, ¿es posible dar resultados –“gobernar”- con unas copas de más?
W. Churchill, fundamental en la victoria de los aliados, no solo es conocido por su gran dirección durante la segunda guerra mundial, sino que también por las grandes cantidades de alcohol que bebía. Dejando de lado la autodestrucción de su templo interno, demostró grandes hazañas para la aldea global.

Según el American Heritage Dictionary, el alcoholismo es un trastorno que se caracteriza por el consumo excesivo y la dependencia al alcohol, que causa daño físico, psicológico e incluso un deterioro del funcionamiento social o laboral. Sin embargo, la clave no es la cantidad de alcohol, sino que tan afectada se ve la vida o funcionamiento de uno, Churchill escribió más de 50 libros, pintaba cuadros en su tiempo libre y, en definitiva, tuvo una carrera política bastante longeva, por lo que que podríamos decir que no demostró verse afectado por su consumo de alcohol. Se podría decir entonces que Churchill era un alcohólico funcional. Esto deriva en una contradicción: si alguien que depende del consumo frecuente de alcohol funciona perfectamente, entonces no cumple con el criterio clínico de alcoholismo; ilógico. Se podría decir que el gusto por el alcohol no le impidió gobernar a Churchill: a veces en la política lo que importan son los resultados. La manera en la que Churchill manejaba sus apetitos , es un caso aparte.
A pesar de ello, no todos los casos son como el del ex mandatario inglés. Gustavo Petro, presidente de Colombia, tambien es señalado por sus excesos y presuntas adicciones. El mal gobierno de cuerpo, está afectando su rendimiento como mandatario: Se le puede observar en sus discursos, adoptando conductas típicas de un alcoholico, balbuceando y profiriendo incoherencias, como una de las ultimas que dijo, sobre el sexo, Jesús y María Magdalena. Además, el presidente desapareció durante dos días en París –sumando las veces concurrentes que lo ha hecho en su propio país- en abril de 2025, ausente sin dar explicaciones. Su ex ministro de Relaciones Exteriores (expulsado por el mismo Petro) dio a conocer que fue en esa ausencia que confirmó que el mandatario colombiano tiene un problema con la drogadicción. Su equipo de comunicación, el cual siempre sabía responder a las preguntas relacionadas a esta cuestión, no fueron capaces de responder al momento de ser cuestionados sobre esta última desaparición, porque ni ellos mismos sabían dónde estaba. Esta es una conducta típica de personas con problemas de adicción: se van “de gira” y desaparecen, dejando a un lado sus funciones laborales.
Jed Mercurio, escritor británico, presenta a Kennedy como “un santo en la vida pública pero adicto al sexo y con un complicado historial médico”. Platón brindaba una visión de cómo debía ser el gobernante:este debía gobernar por deber y no por interés personal, algo con lo que JFK cumplía. Sin embargo, el ex presidente no cumplía con los otros criterios que Platón consideraba propios del rey filosofo, como el ser ajeno a los deseos y bienes materiales.
El de JFK es otro caso de una gran contradicción entre la vida privada y la vida pública. Kennedy le había afirmado al ministro británico de ese entonces, MacMillan, que, si pasaba tres días sin acostarse con una mujer, sufría terribles dolores de cabeza. Aqui podemos ver otro caso de vicio, y de lujuria. Al menos, no tuvo casos tan oprobiosos como el de la medalla y la banda presidencial boliviana que aparecieron en un prostíbulo en 2018…
Continuando con Kennedy, hay casos de superación y que son dignos de aplaudir en vez de juzgar al consumidor o adicto, tal es el caso de su sobrino Robert F. Kennedy, quien admitió que “solía inhalar cocaína de los asientos de los inodoros”. Hoy en día lleva décadas sobrio y es el actual ministro de Salud de los Estados Unidos, o sea, un político. ¡Qué paradigmático un ex drogadicto siendo ministro de salud! ¿Quién mejor para el puesto que quien no conoce acerca de los gérmenes? El COVID-19 no es nada en comparación.
Rob Ford, quien fue alcalde de Toronto, llevo este tema a escándalos. En 2016 se filtró un video de Ford fumando pasta base en una pipa de vidrio, pocos meses después moriría a causa de las drogas.
Y se puede decir de variedad de políticos que su funcionamiento social y laboral efectivo coincidieron o no con sus consumos de sustancias (legales o ilegales). La opinión pública nos dice algo, Galtieri era un borracho, Yeltsin era un borracho, los nazis consumían cocaína, etc., etc.
Muchas veces la vida privada de las personas no coincide con la vida pública, otras veces sí, parecería ser que lo que importan son los resultados y se deja de lado el actor. Muchas veces a las personas que se quieren dedicar a la vida pública, se les pide que cuiden sus apariencias, pero eso sería ocultar una parte de uno mismo, “saco y corbata” piden pero, uno debe ser como es con su “debida prudencia”, los escándalos son parte de la vida pública, y afectan negativamente si uno no da resultado, ¿por qué Milei no podría cantar en el Movistar Arena? es una persona, no un “rey filósofo” como pedía utópicamente Platón, tiene derecho al goce –siempre y cuando no sea en despilfarro- al igual que todos. Total, no fue con la plata de los impuestos del Estado, como otro aquel gobierno que si financiaba conciertos y daba resultados pésimos para la población argentina.
Alguna vez había leído en un ensayo de un profesor, que la magnanimidad del político -a diferencia de los que son pusilánimes- está tan dedicada al servicio y gobierno que, descuida su vida personal. El problema viene cuando el consumo de cualquier sustancia, vuelve ingobernable al cuerpo del hombre y, por ende, quien no se gobierna, ¿cómo piensa gobernarnos? Y sí se puede gobernar a pesar de las turbulencias dentro de su cuerpo, ¿Es ahora una época donde admiramos más los resultados a pesar de que venga un pecador?