Por Manuel da Silva

China y Taiwan se encuentran en una de las disputas territoriales de mayor trascendencia a nivel internacional, donde las tensiones escalan más y más con el pasar de los meses. Pero, ¿sigue siendo este conflicto algo meramente cultural o existen motivaciones ulteriores de parte del gobierno chino para justificar su postura de “Una Sola China”?
Desde la caida de la dinastia Qing, el Partido Nacionalista (Kuomintang) ha estado en conflicto con el Partido Comunista. Tras atravesar en el siglo XX guerras mundiales, la guerra fría y una guerra civil en el país, que se llevó la vida de millones de personas, el Kuomintang se encuentra hoy exiliado en la isla de Taiwán. Allí, algunos sectores minoritarios buscan aún la unificación de ambos países, con el Kuomintang a la cabeza. Desde Pekín, el Partido Comunsita también es un gran impulsor de la unificación, bajo el lema de “Una Sola China”, desde las épocas de Mao Zedong.
Las diferencias culturales entre el gigante asiatico y Taiwan han llevado a una expansión del nacionalismo taiwanes; esta es actualmente la corriente de pensamiento más común en los ciudadanos de Taipei. Hoy en día, el país cuenta con el estatus de “independiente” aunque su reconocimiento como país está en debate y existe una gran mayoría de países que no lo reconocen como soberano. Los intentos de Taiwán de conseguir reconocimiento internacional son aún más peligrosos para la geopolítica china que un Taiwán con intenciones expansionistas hacia China continental.
La razón es que la pequeña isla ha desarrollado desde su fundación el monopolio (en la práctica) de la producción de semiconductores por la TSMC (Taiwan semiconductor Manufacturing Company). A través del enorme apoyo económico que recibe de parte de los Estados Unidos y una estrategia económica basada en la confianza internacional por parte de la compañía, hoy la TSMC produce el 60% de los semiconductores para microchips a nivel mundial y el 90% de los semiconductores utilizados en los chips especializados en Inteligencia Artificial. Esto se debe a la especialización técnica y al apoyo gubernamental a la empresa, que hoy la posiciona como la mejor y más desarrollada industria de la nación, además de la principal proveedora a gigantes tecnológicos como Nvidia, Apple y OpenAl. Simultáneamente, el gobierno de los Estados Unidos limita el comercio de la TSMC a gigantes tecnológicos chinos.

Las tensiones actuales ya no tienen que ver con diferencias culturales, sino con una cuestión económica: es una carrera por ver qué país se quedará con los microchips que mueven el sector económico más importante del mundo, la IA. China no quiere un Taiwán reconocido por occidente, ya que eso significa más comercio e integración a bloques económicos que pueden potenciar la economía estadounidense, principal aliado comercial de Taiwán. Por su parte, los Estados Unidos se ven amenazados por el gobierno de Pekín y buscan soluciones a la dependencia que occidente tiene de los microchips producidos en Taipei. Ambos gobiernos han dialogado para la creación de fábricas especializadas en otros lugares del mundo, como en el estado de Texas o en la UE, aunque el nivel de especialización que existe en Taiwán es tal que el proceso es largo, lento y muy costoso para que pueda realizarse rápido.
Por esta razón es que China mantiene el relato de “Una Sola China”, ya que pretende usarlo para mantener la tensión en Taiwán, y así dificultar las relaciones con Estados Unidos, dado que la posibilidad de invasión sigue vigente. Taiwán será más pequeño territorialmente pero tiene un ejército admirable, por no hablar del potencial apoyo militar que recibiría de parte del ¨Tío Sam¨ en caso de que la situación escale. Además, la posibilidad de invasión, por muy posible que sea a nivel estratégico, podría ser perjudicial para el Partido Comunista, ya que éste siempre se ha plantado como una potencia militar que no pretende enfrentamientos directos. Además, su principal valor a nivel internacional es su gigantesca economía, la cual podría verse perjudicada en caso de entrar en un conflicto armado.
A pesar de esto, China no se queda atrás económicamente ante Taiwán y ya se reportan saltos tecnológicos a velocidad récord en las empresas chinas para la producción de semiconductores. Probablemente, pronto estaremos escuchando de empresas con el mismo nivel técnico taiwanés operando en China. El gobierno chino no va a quedarse de manos cruzadas ante una situación crítica en su posición en el mercado internacional y, como lo manda su historia, ha decidido impulsar su industria para superar la producción taiwanesa.
El conflicto entre ambos países es, probablemente, el conflicto abierto que más tensiones provoca a nivel económico mundial y es casi un conflicto directo entre las dos superpotencias del siglo XXI. Taiwán ha dejado de ser únicamente una isla con carácter belicoso e independentista para transformarse en el enclave tecnológico y geopolítico más importante del mundo.