
Por Pedro Cavallero
Esquilo (525-456 a.C) fue uno de los grandes escritores de las renombradas tragedias griegas, se cree que escribió hasta 90 obras muchas de ellas premiadas durante la época. Las tragedias se solían representar en los festivales religiosos como las Dionisias siendo su tema casi siempre mitológico con elementos de religión y asuntos familiares. No solían tener muchos actores y poseían un coro de entre 12 y 15 cantantes que actuaban como un personaje colectivo con injerencia dentro de la obra.
Según Aristóteles, Esquilo fue un innovador, ya que agregó un segundo actor para papeles que antes eran interpretados por la misma persona, incluyó más diálogos, y se centró en dramas más seculares. Otro avance fue la implementación de las trilogías por parte del autor, lo que permitía una mayor extensión para el desarrollo de la idea central de la obra. Sin embargo, la única que nos ha llegado íntegramente fue la Orestiada
La función de la tragedia según Aristóteles en la Poética, es lograr la catarsis a través de la compasión y el temor que genera el destino del héroe o protagonista. El público experimenta una liberación emocional y aprende aún más sobre la condición humana. Incluso los actores de la época terminaban las obras con ropas rasgadas por la liberación generada.
Volviendo a Esquilo, sólo nos han llegado 7 obras completas. La mayoría se cree parte de una trilogía, aunque la única completa fue la Orestiada. Esta nos plantea un debate moral y ético sobre la justicia en sus 3 obras tituladas ¨Agamenón¨, ¨Las Coéforas¨ y ¨Las Euménides¨.
SACRIFICIO DE IFIGENIA
Para entender la Orestiada hay que conocer el Mito ¨Ifigenia en Áulide¨ de Eurípides. En él conocemos a los Atridas, uno de ellos Agamenón, rey de Micenas, padre de Orestes. Agamenón comienza un viaje hacia Troya, pero queda atrapado con todo el ejército griego en la isla de Áulide, viéndose obligado a sacrificar a su hija Ifigenia a Artemis para que esta le otorgue los vientos propicios para llegar a su destino. Tras un gran debate interno acepta, y según la versión del mito, es sacrificada mientras que en otra versión Artemis la salva y la convierte en su sacerdotisa. Esto llegó a oídos de su esposa Clitemnestra que enfurece y planea la venganza de su hija. Acá se ve claramente la cosmovisión de los griegos, ya que el oiko, la unidad familiar, era sagrada, y por lo tanto un crimen familiar era un crimen de sangre que se podía transmitir a toda la familia como si de una maldición se hablase. La gravedad del asunto era resultado del quiebre del orden natural y religioso. El asesino quedaba manchado con algo denominado miasma, una impureza que podía extenderse entre la familia e incluso, cuando se trataba de reyes, a la comunidad. Este delito abre el primer debate ¿estaba bien que la asesinaran porque un dios lo pidió? Para Clitemestra se había cometido un delito que ella iba a vengar extendiendo la maldición familiar.
AGAMENÓN
En la primera parte de la trilogía, Agamenón nos cuenta su vuelta y nos deja claro que una mancha tenía. Clitemestra había planeado asesinar a su marido junto a Egisto, su amante y sobrino de Agamenón, que quería venganza ya que su padre, hermano del Atrida y con el cual estaba peleado, termina comiéndose, engañado por su hermano, a sus hijos en un banquete y es condenado al exilio donde engendrará a Egisto que se convertiría en el vengador. Se sigue viendo la lógica de la justicia vengativa propia de la época Arcaica griega, ya que la venganza por un delito contra la familia o el honor era visto como obligatorio. Cuando el asesinato ya se ha realizado, Egisto discute con el Corifeo, surtía el papel de dirigir el coro. Aquel diría que fue enviado por la diosa Justicia y que no tendría miedo a morir, mientras que el Corifeo nos daría un primer vistazo del debate existencial, planteando de una forma general que lo que había hecho fue una decisión unilateral y la pagaría por las maldiciones del pueblo, dando a entender su mirada de justica legal o decidida por la sociedad. La respuesta a esto es una reafirmación de su postura de que los de arriba mandan y los de abajo (pueblo) obedecen.
Por este asesinato esa mancha se va a trasladar a sus perpetuadores porque, aunque tengan una causa justa los dos, Orestes, único hijo varón de Agamenon, tiene la obligación moral de asesinar a su madre y a Egisto, dos crímenes familiares. Esto demuestra la gran disyuntiva de la obra porque si bien la venganza no es ilegal traslada esa mancha al nuevo asesino. La venganza justifica un crimen familiar y a su vez llama a otro vengador agrandando el trágico carrusel debido a que cometieron un delito de sangre. Clitemestra mató a su marido, estaban unidos por un lazo sagrado que era el juramento a la diosa Hera y Egisto, a su tío, los dos en venganza por los delitos que tenían manchado a Agamenón, también familiares.
LAS COÉFORAS
La segunda parte de la trilogía es Las Coéforas. Resumidamente el dios Apolo, adivino de Zeus en el oráculo de Delfos, le da la tarea a Orestes de asesinar a su madre para vengar a su padre y le promete que nada le pasará. Este mensaje es enviado por el dios olímpico, acá toma el rol de sostener o impulsar una justicia más racional bajo una autoridad mayor, no esa idea arcaica de venganza unilateral. Orestes lleva a cabo el asesinato y justo después de matar a su madre conoce a las Erinis, entidades terroríficas de las profundidades de la tierra que solo ve él y encarnan la venganza, desde el punto de vista de justicia barbará, para estos crímenes graves. Estas lo perseguirán para matarlo por la muerte de Clitemestra y Orestes huira hacia el templo de Apolo.
LAS EUMÉNIDES
La tercera y última parte se trata de Las Euménides. Comienza en el templo de Apolo, donde él cuidando a Orestes de las Erinis, le dice que tiene que dirigirse a la ciudad de Palas Atenea, la cual conoceríamos después como Atenas. Ahí abrazando la estatua de esta diosa en su templo, se encontraría con ella que decidiría en un juicio su destino. Con la llegada al templo y la aparición de la hija de Zeus empieza el denominado Juicio a Orestes.
El juicio comienza cuando Atenea interviene, ella comprende que el caso es demasiado grave para resolverse con una simple decisión individual. Por un lado no quiere que las Erinis destruyan a Orestes sin escuchar razones, pero tampoco quiere absolverlo automáticamente sólo porque Apolo lo protege. Decide crear un tribunal, transformando una persecución religiosa y vengativa, digna de la barbarie, en un juicio organizado. Convoca ciudadanos para que escuchen las dos partes, evalúen los argumentos y voten, lo cual podría leerse como un guiño a la democracia por parte del autor. El destino de Orestes ya no depende solamente de la venganza de las Erinis ni de la defensa de Apolo, sino de una decisión colectiva de un tribunal de ciudadanos.
Las Erinis actuarán como acusadoras. Su argumento principal es que Orestes cometió matricidio, lo que consideran un crimen imperdonable porque rompe con lo más sagrado, la familia. Desde su perspectiva, ningún motivo puede borrar el hecho de que un hijo derramó la sangre de quien lo trajo al mundo. Son la clara representación de la justicia antigua, caracterizada por ser rígida y religiosa, quien derrama sangre familiar paga a pesar de la justificación.
Apolo como defensor de Orestes, sostiene que no actuó solo ni por el simple deseo de matar, sino obedeciendo una orden divina. Declara que había mandado a Orestes a vengar la muerte de Agamenón, y por eso se muestra como el responsable. En otras palabras intenta demostrar que Orestes no debe ser condenado como un criminal común, porque actuó siguiendo la voluntad de un dios. Su otro argumento es que Clitemnestra también había cometido un crimen grave y que Orestes solo respondió a esa injusticia.
Durante el juicio se enfrentan estas dos formas distintas de entender la justicia que ya he relatado. Las Erinis defienden una justicia basada en la sangre, en el castigo y en la obligación de pagar por el crimen cometido. Apolo defiende una justicia vinculada al mandato divino, al orden de Zeus y a la autoridad de los dioses olímpicos que podría traducirse después a la autoridad de un monarca. Atenea, por su parte, no se limita a elegir una postura, crea un espacio nuevo donde el conflicto puede ser discutido. Su tribunal representa la posibilidad de que la justicia no sea solamente venganza, sino también palabra, razonamiento, votación y ley.
Después de la argumentación, los jueces votan resultando en un empate. Esto es significativo porque muestra que el caso de Orestes no es simple, no se lo presenta como totalmente inocente, porque efectivamente mató a su madre, pero tampoco se lo condena sin más, porque actuó bajo una orden divina y en medio de un conflicto familiar terrible, lo que demuestra es que hay razones fuertes de ambos lados. La tragedia no ofrece una respuesta fácil, sino que muestra la dificultad de juzgar un crimen cuando la culpa está mezclada con el deber, la obediencia y la venganza.
Atenea había establecido que, si los votos quedaban empatados, Orestes sería absuelto. Por eso, Orestes queda libre. Sin embargo la absolución no significa que su acto haya sido completamente puro o que el matricidio deje de ser grave, sino que el tribunal decide poner fin a la persecución. Esto termina con la cadena de castigos y evita que la violencia continúe. A partir de ese momento, la sentencia del tribunal reemplaza la venganza directa de las Erinis, la justicia ya no se ejecuta como persecución interminable, sino como una decisión pública que debe ser aceptada.
Las Erinis se enfurecen, se sienten humilladas y traicionadas porque consideran que el tribunal no respetó su poder ni el valor de la sangre materna. Para ellas, absolver a Orestes es permitir que un crimen familiar quede sin castigo y amenazan con descargar su ira sobre Atenas. Esto muestra que no basta con crear una justicia nueva, también hay que integrar a las fuerzas antiguas que se sienten desplazadas.
Atenea no destruye a las Erinis ni las expulsa, intenta convencerlas de que acepten un nuevo lugar dentro de Atenas, prometiendoles respeto, honores y un culto propio, convirtiéndose así en divinidades protectoras de la ciudad. Las Erinis no desaparecen, se transforman, dejan de ser solamente fuerzas de venganza y castigo para convertirse en guardianas del orden cívico y pasan a llamarse la Euménides. Su rol ahora es proteger la ciudad, la fertilidad, la justicia y el equilibrio social. La venganza no desaparece por completo, pero es contenida y transformada por la ley. Ya no es esa vieja forma de justicia que no tiene límites, ahora exige una nueva transformación y adaptación con cada generación de humanos.