En el marco de las elecciones en Perú, aparecen contratiempos para uno de los partidos, y lo que parece ser la definición de una elección reñida puede estar en duda.
Por Nahuel Scavino

Las elecciones suelen dejar un gusto agridulce y previsible ante una campaña de meses para ser electo. Aún así, en latinoamérica se está desarrollando, quizás, la elección más dura y reñida hasta el momento en la región. Así, Perú vuelve a marcar tendencia y nos muestra cómo puede funcionar a toda máquina el sistema electoral, en el que el voto extranjero se vuelve clave.
Con el 98,593% de actas contabilizadas y luego de días de estar por debajo, Keiko Fujimori se pone por delante y Fuerza Popular logra un 50,051% de los votos. Por otro lado, la fuerza de Roberto Sánchez, Juntos por el Perú, parece haberse agotado y estae quedando por detrás con un 49.949%, estirando la diferencia a 19,748 votos. La elección parece tener por fin una luz al final del túnel.

No obstante, las semanas previas estuvieron marcadas por sucesos que dejaron más dudas que certezas, ya que, en pleno conteo de votos, Sanchez, en el marco de una conferencia de prensa con autoridades de su partido, había anunciado que evalúa pedir la nulidad de las votaciones en Argentina y Estados Unidos, ya que las actas físicas habrían llegado lejos del tiempo límite que establece la normativa. Sumado a esto, el proceso de conteo y el envío carecían de las medidas protocolares y no fueron enviadas directamente al consulado, si no que fueron trasladadas fácilmente en una valija diplomática hasta Lima. La contraparte podría argumentar que es un pedido extraño, ya que, en específico, estos dos países son bastiones donde Keiko Fujimori tiene una amplia masa de votos con respecto a Sanchez.
Otro punto neurálgico del voto peruano en el extranjero, fue Chile, donde la tendencia también favorece a la candidata de Fuerza Popular y donde tomó mucho más fuerza luego de las declaraciones de Antauro Humala, ex militar y fundador del movimiento etnocacerista, (su corte es de reivindicación Inca y de los pueblos originarios). Ligado a Juntos por el Perú, declaró que el país debería aspirar a recuperar «por la vía diplomática o armada» las regiones de Arica y Tarapacá, actualmente de soberanía chilena. A pesar de que Roberto Sanchez marcó distancia y afirmó que los planteamientos no representaban los ideales del partido, estas declaraciones provocaron cuestionamientos chilenos y algunas figuras políticas de este país rechazaron la idea y recordaron los tratados internacionales. Este suceso también fue un traspié dentro de unas elecciones ajustadas en donde cualquier voto puede cambiar el rumbo.

Bajo este clima turbulento, Roberto Sanchez, pidió públicamente a Fujimori reunirse «a la brevedad y actuar conjuntamente en defensa de la transparencia y la confianza ciudadana» y solicitar en conjunto una revisión exhaustiva y un reconteo de los votos, lo que quizás, podría salvarlo antes de que la campana suene. Igualmente, el camino hacia el resultado final es largo, y faltan contabilizar alrededor de 1.600 actas enviadas a revisión por los Jurados Especiales Electorales (JEE), que se encargan de la observación de posibles errores o de legibilidad. Así también, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) insistió en que debe esperar a que estas últimas actas sean revisadas para proclamar un ganador.
Keiko Fujimori, apuesta todo al voto extranjero y Roberto Sanchez al voto local. Aun así, esto no solo marca una contienda ajustada, sino que es la representación de la inestabilidad política peruana, y cómo la grieta se encuentra tan fragmentada que hasta el mínimo cambio puede desatar un resultado imprevisto.