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Deporte de alto rendimiento
Opinión

Deporte de alto rendimiento

Hay talento, falta de apoyo

Por Lucas Buhler

6 min de lectura26 de agosto de 2026, 21:48 GMT-3
Deporte de alto rendimiento

El talento deportivo en Argentina existe, eso es indudable y sobran ejemplos para demostrarlo. Muchas veces se pone el foco en el financiamiento que recibe el deporte de alto rendimiento, cuando en realidad, hay casos en los que más financiamiento, por sí solo, no garantiza mejores resultados deportivos.

Para entender esta afirmación, hay que comprender primero cuál es el incentivo que les da nuestro país a los deportistas amateurs. Con esto no quiero decir que estoy a favor de que haya menos inversión en el deporte, todo lo contrario. El foco de la nota apunta a cuestionar el modelo que tenemos para llegar al alto rendimiento, sin olvidarse que el presupuesto con el que se cuente es de vital importancia.

Hace casi 16 años, hacia fines de 2009, el Congreso Nacional sancionó la ley N° 26.573, y el poder ejecutivo encabezado por Cristina Fernández de Kirchner ejecutó la reglamentación para la creación de manera inmediata del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD). Esto implicó un cambio de paradigma histórico para el deporte argentino y fue vital para los siguientes procesos olímpicos en relación a la puesta a punto de los atletas. Como señaló el presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), Mario Moccia, el primero de octubre de 2025 en la Comisión de Deportes y Comunicación de la Cámara de Diputados, esta ley establecía que el uno por ciento sobre la facturación del abono de la telefonía móvil fuera para el ENARD, garantizando su financiamiento y elevando el apoyo. Una observación importante a tener en cuenta es que en el 2009 no había gran cantidad de diversos servicios y la tecnología no era la que tenemos hoy: las comunicaciones eran principalmente telefónicas. Pero hoy ha avanzado muchísimo la tecnología y los servicios que se prestan son muchísimos mayores.

Eso se mantuvo hasta fines de 2017, cuando el Gobierno de Mauricio Macri sancionó una reforma eliminando el mecanismo del 1% y produjo el cambio efectivo de esquema a partir de 2018. Esta medida eliminó la autarquía que tenía el ente y fue significativamente negativa para los deportistas de élite, ocasionando el fin de un ciclo de casi 10 años y demostrando que el deporte de alto rendimiento todavía no parece consolidarse como una política de Estado sostenida, debido a los cambios que experimenta su esquema de financiamiento y organización con los distintos gobiernos.

De manera arbitraria, decidí tomar dos períodos para analizar el desempeño y los resultados que tuvo Argentina en distintos juegos panamericanos y juegos olímpicos, uno post-creación del ENARD con la fuente de financiamiento propia (2009-2017), y otra tras la reforma de la misma (2018-2024). La comparación entre ambos períodos muestra una diferencia importante: Argentina tuvo mejores resultados olímpicos entre 2009 y 2017, pero mejores resultados panamericanos entre 2018 y 2024. En los Juegos Olímpicos, el primer período registró 8 medallas y 4 oros entre Londres 2012 y Río 2016, mientras que entre Tokio 2020 y París 2024 se obtuvieron 6 medallas y solo 1 oro.

En cambio, en los Juegos Panamericanos, el segundo período fue superior: Argentina pasó de 150 medallas y 36 oros en Guadalajara 2011 y Toronto 2015 a 176 medallas y 49 oros en Lima 2019 y Santiago 2023. Esto muestra que, aunque en el período posterior a 2018 se logró una mayor cantidad de éxitos en el ámbito continental, esa mejora no se trasladó a los Juegos Olímpicos, que representan el máximo nivel de competencia del deporte de alto rendimiento. Por eso, es muy difícil afirmar qué ciclo fue más virtuoso para el deporte argentino, a pesar de que ahora se cuente con menos recursos que antes.

Llegado este punto, podemos plantear que más recursos no necesariamente se traduce en mejores resultados. La verdadera reforma a implementar en el deporte de alto rendimiento es el programa, modificando el modelo actual. El problema del alto rendimiento argentino no puede reducirse a la cantidad de recursos disponibles: el verdadero desafío es construir un sistema capaz de detectar talento, asignar estratégicamente los recursos, generar financiamiento privado y sostener una política deportiva a largo plazo. Para eso, habría que observar qué se está haciendo en el resto del mundo para obtener resultados.

Por ejemplo, Juaristi señala que en China hubo un proceso de modernización sin precedentes en donde se aplicó una política de Estado para el deporte. Se realizó la contratación de entrenadores internacionales de élite, el envío de atletas jóvenes al extranjero y la redistribución presupuestaria sin precedentes: se redujo financiamiento en deportes donde China ya era potencia (gimnasia, clavados, levantamiento de pesas, deportes de mesa) y se redirigió dinero hacia las disciplinas “deficitarias” (Política Deportiva, s. f.). Por supuesto que de esta manera hubo ganadores y perdedores, pero lo importante para ellos es el conjunto y la mejora del rendimiento en la generalidad, punto importante sobre el cuál Argentina podría replantear su plan de acción. Todo ésto sin contar la articulación del sistema educativo con la transición al alto rendimiento, pero eso es tema para otra nota.

Italia es otro país para observar de cerca. El Estado italiano busca que las empresas privadas ayuden a financiar instalaciones deportivas públicas. Como incentivo les devuelve parte de lo que aportan mediante un beneficio fiscal. Es decir, el modelo italiano combina financiamiento estatal con inversión privada incentivada fiscalmente. Otro modelo para ser tomado en cuenta a nivel país, y no solamente a nivel provincial.

Distintos modelos e ideas pueden pensarse más allá de reducir todo a “falta financiamiento para el deporte argentino”. Nuestro país atraviesa una situación crítica, y si no enfrentamos de la forma más eficiente posible el problema del poco presupuesto con el que contamos, no veo ningún futuro mejor. Después de todo lo dicho, el financiamiento sigue siendo fundamental, pero hay que idear otro modelo, hay que repensar y replantear el sistema del deporte de alto rendimiento argentino.

Por Lucas Buhler

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