Por Lucía Nahir Gambaro

El 29 de agosto del 2026, la selección argentina de hockey sobre césped, derrotó a Países Bajos por penales y conquistó su tercer título mundial. Una vez más, los deportistas argentinos dejan al país en lo más alto. (Confederación Argentina de Hockey, 2026).
Sin embargo, detrás de la gran victoria, existe una realidad más oscura del deporte de alto rendimiento. Los mismos deportistas que colocan a Argentina en los podios, entrenan a tiempo completo y deben afrontar gastos en alquileres, transporte, indumentaria e inscripciones que el sistema de becas vigente no llega a cubrir. Esta situación nos lleva a preguntarnos ¿Qué hace el Estado para sostener a quienes representan al país?
Los verdaderos cuestionamientos sobre el sistema de alto rendimiento argentino surgen cuando escuchamos a las propias Leonas afirmar que son reconocidas como profesionales en el mundo, pero que en su país son consideradas amateur, por lo que , el financiamiento que reciben depende de becas muy difíciles de conseguir.
Victoria Granatto contó que la beca estatal que reciben las deportistas estuvo “frizada hace dos años”, y que el monto rondaba el $1.500.000. También explicó que esos meses fueron particularmente difíciles porque no cobraban la beca en tiempo y forma (Hace Instantes, 2026).
Esta línea es complementada por Julieta Jankunas que, en La Nación, sostuvo que las Leonas están muy lejos de ser profesionales debido a las condiciones económicas a las que se las somete, las cuales no alcanzan para vivir y dedicarse al deporte de manera exclusiva. Cabe aclara que, si bien esta nota pone el foco en las Leonas, es una realidad que atraviesa todo el deporte de alto rendimiento en la Argentina (La Nación, 2026).
Cristina Cosentino agregó otro dato fuerte: las Leonas entrenaron durante el último año de lunes a viernes en el CeNARD, y señaló que, a diferencia de Europa, en Argentina las jugadoras incluso pagan por jugar en sus clubes debido al carácter amateur del hockey (Reporte Popular, 2026).
Queda claro, entonces, que ser campeona del mundo exige una preparación que ocupa gran parte de la vida de una deportista. Sin embargo, en Argentina el hockey femenino continúa teniendo una estructura amateur: las jugadoras entrenan durante horas, pagan las membresías de sus clubes para poder competir en ellos y, además, deben cumplir con las exigencias del seleccionado nacional.
El problema, entonces, excede a las Leonas. Argentina cuenta con un sistema estatal destinado a acompañar a los deportistas de alto rendimiento, pero la existencia de una beca no implica necesariamente que un atleta pueda vivir del deporte. El Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) fue creado precisamente para financiar la preparación y participación de deportistas argentinos en competencias internacionales, además de otorgar becas y brindar distintos tipos de asistencia. (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo [ENARD], s. f., 2026)
El sistema de becas vigente establece diferentes categorías según el nivel y la proyección de cada deportista. Desde abril de 2026, quienes alcanzan la categoría de excelencia olímpica, paralímpica o mundial reciben hasta $1.699.500 mensuales, mientras que las categorías inferiores contemplan montos de $1.150.495 y $963.050 (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo [ENARD], 2026). Aunque puede parecer una cifra importante,
ese dinero debe cubrir entrenamiento, viajes, competencias, equipamiento, alimentación y preparación física. Además, muchos deportistas deben sostener un trabajo o una carrera universitaria en paralelo.
La diferencia con otros países también es significativa. En sistemas como los de Australia, Estados Unidos o algunos países europeos, los atletas de alto rendimiento suelen acceder a mayores apoyos económicos, contratos, premios y patrocinios, lo que les permite dedicarse casi exclusivamente a entrenar y competir. En Argentina, en cambio, la beca no es un salario: el propio régimen establece que busca contribuir a la preparación deportiva y que no genera una relación laboral con el Estado (Argentina.gob.ar, 2026).
Ahí aparece la contradicción: el sistema exige una dedicación propia del alto rendimiento, pero jurídicamente la beca funciona como una herramienta de apoyo y no como la remuneración propia de un trabajo.
El propio Estado reconoce, así, que el crecimiento del nivel competitivo internacional exige una preparación sostenida y un respaldo continuo para deportistas y entrenadores argentinos. En abril de 2026 comenzó a regir un nuevo régimen de becas que modificó las categorías existentes y estableció nuevos criterios de acceso y permanencia. El sistema también contempla apoyos para disciplinas que no forman parte de los principales programas olímpicos, panamericanos y sudamericanos, aunque algunos de estos beneficios quedan sujetos a la disponibilidad presupuestaria (Argentina.gob.ar, 2026).
Teniendo todo esto en cuenta, cabe preguntarse si el sistema vigente alcanza para que quienes representan al país puedan dedicarse profesionalmente a su disciplina. ¿Queremos simplemente celebrar cuando llegan las medallas, o construir un sistema capaz de producir campeones de manera sostenida?
Es evidente que las condiciones que les ofrece el país no están a la altura de los resultados que se les exigen.