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La política argentina se acostumbró demasiado a vivir en modo pelea
Opinión

La política argentina se acostumbró demasiado a vivir en modo pelea

Entre redes sociales, internas y discusiones permanentes, la política parece haber convertido el enfrentamiento en una forma de actuar.

Por Francisco Guzman

5 min de lectura8 de septiembre de 2026, 09:38 GMT-3
La política argentina se acostumbró demasiado a vivir en modo pelea
Fuente: La política argentina enfrenta el desafío de transformar la confrontación en soluciones.

Hay algo que en la política argentina se volvió demasiado normal: estar todo el tiempo peleando.

Pelean los oficialistas con la oposición, la Nación con las provincias, los dirigentes entre ellos y hasta los propios espacios políticos que, en teoría, deberían estar trabajando juntos. La discusión política dejó de ser una herramienta para buscar soluciones y muchas veces parece haberse convertido en el objetivo principal.

Hoy parece importar más quién gana una discusión que qué problema se está intentando resolver.

Las redes sociales tuvieron mucho que ver con esto. Un dirigente puede pasar horas discutiendo con otro en X, responder una publicación, subir una foto o lanzar una frase provocadora y conseguir miles de interacciones. Eso genera visibilidad y, en muchos casos, también construye liderazgo.

Pero gobernar no es conseguir más retweets.

Gobernar significa tomar decisiones que afectan la vida cotidiana de millones de personas. Significa hablar de seguridad cuando una persona tiene miedo de volver a su casa, de educación cuando una escuela no funciona correctamente, de salud cuando conseguir un turno se convierte en un problema y de empleo cuando un joven busca su primer trabajo.

La política argentina muchas veces parece olvidarse de eso.

No digo que los políticos no deban discutir. Al contrario. Una democracia necesita debate, oposición y posiciones diferentes. El problema aparece cuando la confrontación reemplaza completamente a la discusión de ideas.

Durante los últimos años vimos cómo muchas conversaciones políticas terminaron reducidas a etiquetas. Si alguien critica al Gobierno, automáticamente es acusado de querer que todo salga mal. Si alguien defiende una medida oficialista, inmediatamente es señalado como fanático. Y así resulta cada vez más difícil debatir políticas públicas sin personalizar el conflicto.

Esto también afecta a los jóvenes.

Muchos de nosotros empezamos a interesarnos por la política mirando precisamente esas discusiones. Vemos a dirigentes enfrentándose en televisión, videos que se viralizan en TikTok o publicaciones que reciben miles de comentarios. Es fácil terminar creyendo que la política consiste solamente en elegir de qué lado de la pelea queremos estar.

Pero la política debería ser mucho más que elegir un bando.

Una persona puede estar de acuerdo con una medida del Gobierno y criticar otra. Puede votar a un espacio político y, al mismo tiempo, exigirle resultados. Puede reconocer un logro de un adversario sin convertirse por eso en su militante.

Parece algo básico, pero en Argentina muchas veces cuesta muchísimo.

También hay una responsabilidad de los propios dirigentes. Es entendible que busquen diferenciarse y marcar sus posiciones. Lo que no debería ser normal es que cada decisión política se transforme inmediatamente en una batalla por redes sociales.

Porque mientras los dirigentes se pelean, los problemas no esperan.

La inflación puede bajar, pero si una familia sigue teniendo dificultades para llegar a fin de mes, el problema continúa. La economía puede crecer, pero si ese crecimiento no genera oportunidades para quienes buscan trabajo, queda una pregunta pendiente. Se pueden aprobar reformas, pero si después no mejoran la vida cotidiana de los argentinos, habrá que discutir nuevamente sus resultados.

Por eso creo que Argentina necesita recuperar algo que parece haber perdido: la capacidad de discutir sin convertir al otro en un enemigo.

No significa eliminar las diferencias. Significa entender que tener ideas distintas no convierte automáticamente al otro en una amenaza.

La política también necesita resultados. Y para conseguirlos, muchas veces hacen falta acuerdos.

Esto puede resultar incómodo para quienes construyen su liderazgo exclusivamente desde la confrontación. Un acuerdo no siempre genera un video viral. Una negociación parlamentaria probablemente tenga menos repercusión que una pelea en redes. Pero una ley que funciona puede tener mucho más impacto sobre la vida de las personas que cualquier discusión de Twitter.

La Argentina ya tuvo demasiados años de enfrentamientos políticos que terminaron dejando problemas sin resolver.

Quizás el desafío de esta generación sea construir otra manera de hacer política.

Una política en la que se pueda discutir fuerte, pero también escuchar; en la que se pueda defender una idea sin descalificar a quien piensa diferente; en la que los dirigentes sean evaluados menos por la cantidad de enemigos que consiguen y más por los resultados que producen.

Porque hacer política no debería consistir en ganar todas las discusiones. Debería consistir en conseguir que las cosas funcionen.

Y eso requiere algo que parece cada vez más difícil en nuestro país: dejar de pensar permanentemente en la próxima pelea y empezar a pensar un poco más en el próximo problema que tenemos que resolver.

Por Francisco Guzman

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