Un discurso que combinó cuestionamientos al sistema multilateral, alineamiento internacional y una estrategia de posicionamiento económico.
Por Lucas Bühler

En su tercera disertación ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Javier Milei pronunció durante 19 minutos un discurso muy similar a los que nos tiene acostumbrados: una alocución muy aferrada a su ideología; críticas “constructivas” a la ONU; reivindicación del alineamiento con Occidente, específicamente con Estados Unidos e Israel; y mención especial al tema Malvinas. Sin embargo, es importante poner el foco en el papel geopolítico que menciona el presidente y, sobre todo, en las repetidas invitaciones a invertir en nuestro país.
En un contexto en el que el Gobierno argentino buscaba mostrar los resultados de su programa económico y, al mismo tiempo, profundizar su alineamiento internacional con Occidente, el presidente Javier Milei se refirió al papel de la ONU y planteó, como le gusta decir a él, una “verdad incómoda”: según su visión, la ONU se había alejado de los objetivos para los cuales fue creada. Sin embargo, presentó su crítica con un tono que definió como “constructivo” , al decir que hoy la organización “se convirtió en una organización inútil que solo sirve para alimentar a una casta de parásitos fatalmente arrogantes disfrazados de burócratas bien intencionados” (Río Negro, 2025). Aunque no planteó simplemente abandonar la organización, sostuvo que era necesario recuperar su función original: garantizar la paz, la seguridad y la cooperación entre Estados.
Su crítica a la ONU puede organizarse alrededor de tres cuestiones principales. Primero, señaló lo que el organismo debería haber hecho y, según él, no hizo. Para Milei, el “pacto sagrado” que dio origen a la organización se habría roto en los hechos. Vinculó esta crítica con lo que considera fracasos en materia de derechos humanos, seguridad internacional y lucha contra el terrorismo. Esta crítica retoma una línea que Milei ya había planteado en su discurso de 2024, cuando cuestionó la pérdida de credibilidad de Naciones Unidas y su alejamiento de sus funciones originales.
En segundo lugar, Milei cuestionó aquello que, desde su perspectiva, la ONU hizo, pero no debería haber hecho: ampliar su agenda hacia cuestiones que considera alejadas de su misión central. En este marco, criticó la Agenda 2030, las políticas vinculadas con la inmigración y determinadas respuestas internacionales frente a la pandemia. También expresó preocupación por la expansión de mecanismos de regulación y gobernanza internacional sobre nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial. Su argumento general fue que la respuesta frente a estos fenómenos no debería consistir en aumentar preventivamente las regulaciones, sino en permitir que la innovación se desarrolle con mayor libertad. Esta parte del discurso se conecta con una visión profundamente optimista sobre el futuro tecnológico. En lugar de interpretar las transformaciones como una catástrofe inevitable, planteó que “donde muchos ven una amenaza, nosotros vemos una frontera”. De esta manera, presentó el desarrollo tecnológico como una oportunidad para el progreso y sostuvo que Occidente debería tener un papel central en su conducción. Esto podría ser un guiño a las empresas de inteligencia artificial que estén mirando con buenos ojos a la Argentina para poner su dinero.
Otro eje fundamental fue la cuestión Malvinas, presentada y enfatizada como una causa nacional argentina. Milei reafirmó el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y cuestionó la capacidad de la ONU para hacer efectivo el cumplimiento de sus propias resoluciones. El Gobierno argentino también vinculó esta posición con el proyecto petrolero Sea Lion, cuya explotación Argentina considera ilegítima por desarrollarse en un área cuya soberanía se encuentra en disputa. Al mismo tiempo, el presidente presentó la posición argentina como una defensa pacífica, práctica y efectiva de sus derechos. Reivindicó la vía diplomática y llamó al Reino Unido a retomar las negociaciones bilaterales, en línea con la resolución 2065 de la ONU.
Luego de lo explicado, y en concordancia con lo dicho en la introducción, el discurso también tuvo un fuerte componente económico y de política exterior. Milei presentó a Argentina como un país con enormes oportunidades para el sector energético mundial, especialmente a partir de Vaca Muerta, y buscó enviar un mensaje directo a los inversores: “Vengan, inviertan, desarróllenla. Háganlo con nosotros” (Manfredi, 2026). La invitación fue, dentro del marco del capitalismo de libre empresa, el comercio y la inversión. Este es un mensaje fuerte para todos los inversionistas que piensandónde poner su dinero y analizan qué tan confiable y qué seguridad en materia jurídica garantiza nuestra república.
En materia internacional, Milei reafirmó además su alineamiento con Occidente, Estados Unidos e Israel. En ese marco, mencionó la lucha contra el terrorismo y recordó los atentados sufridos por Argentina, particularmente los de la Embajada de Israel y la AMIA. También se refirió a Irán y a la Guardia Revolucionaria iraní, dentro de su política de identificación de actores que Argentina considera vinculados con el terrorismo.
Finalmente, el discurso puede entenderse como una combinación de crítica al sistema multilateral y propuesta de reposicionamiento argentino. Por un lado, Milei cuestionó a la ONU por lo que considera sus fracasos y excesos; por otro, utilizó el escenario internacional para presentar a Argentina como un país con recursos estratégicos, potencial energético, capacidad tecnológica y una ubicación geográfica privilegiada. El mensaje final con una referencia al preámbulo de nuestra constitución, fue una invitación a mirar hacia el sur: “a los hombres y mujeres libres del mundo, a los científicos, a los emprendedores, a los creadores, a quienes soñaron con una tierra donde comenzar de nuevo, les digo: miren al sur.” (Lejtman, 2026).