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Irak, Irak e Irán
Internacional

Irak, Irak e Irán

Por Alejo Germán García

24 de septiembre de 2026, 22:42 GMT-3
Irak, Irak e Irán
12 min de lectura

Cuando uno escuchaba el discurso público de Trump, de sus allegados y de sus seguidores, parecía que genuinamente el presidente MAGA aspiraba a implementar un acercamiento distinto en política exterior a la región de Medio Oriente. La debacle en la que Don Trump se metió en Irán es demostrativa de que este no terminó siendo el caso. Mala decisión, dirían muchos analistas hoy en día. Sin embargo, Estados Unidos tiene una larga tradición de intervenciones militares en la región que terminaron con resultados bastante limitados, por ser generosos. A pesar de esta mala fama, también existen algunos casos de éxito. Para el propósito de esta nota, vale la pena comparar un caso de ambos; y, porque la Historia es así de divertida, los dos comparten país y apellido.

Cuando uno compara las guerras de Irak de 1991 y del 2003, las diferencias en estrategia son tan grandes que parece cómico pensar que la segunda fue llevada a cabo por nada más y nada menos que el hijo del que llevó a cabo la primera. Ambos conflictos vieron a los Estados Unidos de América encabezando una coalición internacional de Estados libres lanzados en una cruzada para liberar un país de Medio Oriente de las garras del tiránico dictador Sadam Hussein. Una bella narración, pero una de las dos no tuvo su “felices por siempre”. Si uno estudia ambas invasiones uno puede notar muy fácilmente unas marcadas diferencias en los motivos que tuvieron detrás y en los objetivos finales que se planteaban, las cuales resultaron en su desenvolvimiento tan disímil. La Guerra del Golfo fue una guerra modelo, y un éxito rotundo en casi todo sentido. La Invasión a Irak fue un fiasco que EEUU todavía sigue pagando. Considerando que, con el corolario Trump, EEUU se ha embarcado en una nueva aventura por la región, vale la pena analizar estos dos casos memorables.

En lo que refiere a los motivos, la Guerra del Golfo tenía uno obscenamente evidente. La agresión pobremente justificada del Irak Baathista hacia el Reino de Kuwait. Uno puede debatir si es que Kuwait no era más que un invento británico o si el Reino estaba efectivamente robando petróleo iraquí, pero la realidad es que el consenso internacional entre prácticamente todos los Estados era que lo que Saddam había hecho era incorrecto y se tenía que deshacer. En parte por derecho internacional y todo eso y en parte porque legitimaba el cambio de fronteras por la fuerza, lo cual a la mayoría de Estados débiles (como aquellos que forman la amplia mayoría de la ONU) no les suele caer muy bien. Disciplinar a Irak era una excelente oportunidad en la cual EEUU podía reafirmar su compromiso con el derecho internacional (elemento central del orden unipolar que aspiraba a implementar) y sentar un precedente sobre qué pasaría con aquellos que no lo acataban. En cierta forma, la Guerra del Golfo estableció a los EEUU como la policía del mundo, rol que más o menos cumplió hasta inicios de esta década.

George W Bush. Presidente desde 1989-1993
George W Bush. Presidente desde 1989-1993

Lo del 2003 fue radicalmente distinto. La invasión se dio en el clima de paranoia que atravesaba EEUU post 11 de Septiembre. El ataque a las Torres Gemelas les hizo ver que nunca estarían del todo seguros, y, como una persona que revive sus traumas porque es todo lo que conoce, Washington volvió a la lógica dualista de la Guerra Fría. La gran diferencia era que, en vez de ser contra el comunismo, ahora era contra el terrorismo, el cual era fomentado por los “Rogue States” que conformaban el denominado “Eje del Mal”. Por tanto, cuando recibieron inteligencia de que Irak estaba en posesión de Weapons of Mass Destruction, razonaron que eso era algo que tenían que corregir. La idea de que Irak podía tener WMD no era particularmente una locura, pues sabemos que Saddam en su momento activamente buscó este tipo de armas (si no, pregúnteles a los kurdos). Sin embargo, las sanciones brutales que atravesó Irak durante los 90s dejaron sumamente debilitado al Estado iraquí, y, a pesar de los pormenores, éste cumplió con las inspecciones internacionales que le eran requeridas. Además, la inteligencia que EEUU había recibido era de dudosísima calidad, y la comunidad internacional así lo notó.

Esto de los motivos puede parecer algo menor, pero tiene una importancia descomunal al momento de formar las coaliciones con las que se lleva a cabo estas operaciones. En 1991 EEUU logró armar una coalición de más de 40 países para liberar Kuwait. Hasta la URSS votó a favor de la intervención en el Consejo de Seguridad. La Guerra no solo fue vista como legítima, sino que también fue vista como legal. En 2003, EEUU pudo formar una coalición a medias que muy rápidamente quiso hacer todo lo posible para distanciarse del terreno de combate. Sufrió las críticas de una amplia parte de la comunidad internacional, que veía en EEUU una actitud imprudente en el mejor de los casos y criminal en el peor. En un mundo donde uno nunca puede estar seguro del accionar del otro, la reputación importa. Hoy en día la guerra todavía es criticada incluso dentro de los EEUU. Obama hizo gran parte de su campaña sobre el hecho de que se opuso desde un principio a la autorización para el uso de la fuerza, y él fue nada más y nada menos que el sucesor de Bush.

George W Bush hijo. Presidente desde 2001-2009
George W Bush hijo. Presidente desde 2001-2009

Ahora bien, estas guerras no solo partieron desde puntos diferentes sino que iban en direcciones diferentes. Los objetivos finales de la Guerra del Golfo eran claros. Liberar Kuwait, poner a Irak en su lugar y demostrar poderío estadounidense. Fáciles, concisos y concretos. Por tal motivo, la estrategia también era más simple. Recuperar Kuwait para después ocupar Basora y avanzar hacia Bagdad para dejar al régimen Baathista en jaque. A partir de esta situación, realizar las demandas correspondientes y retirarse de Irak, dejando una presencia en Kuwait. Una estrategia simple y acorde a las capacidades militares de EEUU. Además, Bush-padre sabía muy bien que, con todos sus problemas, Saddam Hussein servía como un buen tapón entre los dos verdaderos pesos pesados de la región: Irán y Arabia Saudita. Una década atrás les había servido de utilidad para contener la Revolución Islámica, y quizás les volvería a servir en un futuro.

Los objetivos de la guerra del 2003 eran más complejos. Se buscaba el desmantelamiento de las WMD, y para tal fin se veía como necesario el cambio de régimen. La noción era que un Irak democrático serviría como un faro para la región, y que sería el primer paso en la construcción de un Medio Oriente más pacífico y libre, e incluso más abierto a inversiones norteamericanas. Por tal motivo, esta vez los tanques no se detuvieron en las puertas de Bagdad, sino que avanzaron hasta ocupar todo el territorio. La parte militar inicial de la operación resultó relativamente fácil y Bush-hijo pudo dar su icónico discurso frente a un cartel que decía “MISSION ACCOMPLISHED”. Pero recién ahí es cuando empezaron los problemas.

Primero: Las WMD nunca aparecieron, por lo que la jugada ya había empezado en offside. Segundo: Existía cierta noción de que los iraquíes recibirían con brazos abiertos a los libertadores americanos, pero eso no fue el caso. Lo que inició como una operación de policía se transformó en un proyecto impopular de “Nation Building”. EEUU se tuvo que tomar el trabajo de crear las instituciones que requieren las democracias para funcionar y que no existían en Irak. Ahora, esto toma tiempo y financiamiento, y eso consume capital político. Las medidas que “resuelven” la guerra demandan recursos y atención que la hacen menos popular y más difícil de financiar. Tercero: Las divisiones étnico-religiosas que ya atravesaban Irak y los disparos en el pie que EEUU se daba de vez en vez (como por ejemplo, la disolución del ejército iraquí y del Partido Baathista por la Coalition Provisional Authority) desencadenaron en una insurgencia de donde terminó naciendo nada más y nada menos que el ISIS. Con sangre, sudor y lágrimas, esa insurgencia fue en gran medida contenida, pero Irak terminó quedando paulatinamente bajo la influencia iraní. Quizás Bush-hijo debería de haberse percatado de que empoderar a la mayoría chiita en un país fronterizo de Irán podría haber resultado de esta forma.

A lo que quiere ir todo esto es que cómo uno plantea una guerra desde sus inicios tiene un efecto tan decisivo en su desenlace como el poder militar con el que uno se dirige a la batalla. George H. W. Bush fue a la guerra en 1991, con motivos suficientemente legítimos, objetivos claros y una estrategia acorde para conseguirlos. Su hijo fue a la guerra en 2003 bajo pretextos fabricados, con un objetivo demasiado ambicioso y con una estrategia muy poco acorde para conseguirlo. Uno puede plantear dudas respecto a qué es lo que verdaderamente tenían en mente los liderazgos estadounidenses cuando lanzaron estos dos conflictos. Ahora bien, lo que parece ser evidente es que en este segundo caso hubo una muy mala lectura de la realidad. Bush-padre fue a la guerra entendiendo cuál era el clima de época, cuál era la situación geopolítica de la región y cuáles eran los límites de lo que podían hacer y lo que podían conseguir. Bush-hijo fue a la guerra sin terminar de entender cuál era la realidad de Irak como país ni como actor geopolítico. No pudo percibir lo que implicaba lanzarse hacia un proyecto de Nation Building, ni cuáles eran sus capacidades verdaderas de ser exitoso. No calculó lo que significaba sacar a Saddam para Arabia Saudita, para Siria y sobre todo para Irán, quien veía en Irak un enemigo mortal. De vuelta, uno puede dudar de qué parte de su fracaso se debió a desconocimiento, pero cuesta pensar que era el deseo de Donald Rumsfeld abandonar el Departamento de Defensa de la forma en que lo hizo.

Siempre es prudente, aunque sea, repasar los errores del pasado para saber qué es lo que uno puede enfrentar en el futuro. Todavía queda ver cómo terminará la actual contienda; sin embargo, tenemos suficiente información como para hacer una evaluación preliminar de cuánto aprendió Trump del pasado. Y por ahora no es buena. Hoy en día tenemos una guerra que también parte de inteligencia dudosa. Los objetivos son directamente imposibles de señalar. Con todas sus deficiencias, Bush-hijo tenía aunque sea una imagen de cómo se vería la victoria. Qué es lo que Trump aspiraba hacer en Irán es un misterio para todos, y viendo cómo cambia sus dichos todos los días pareciera que él tampoco lo termina de saber. Si buscaba un cambio de régimen, hoy este parece más lejos que nunca, y hoy su control sobre Ormuz lo eleva como un importantísimo actor en el tablero geoeconómico global. En lo que respecta a la realidad en el terreno, fracasó al momento de leer el humor del pueblo iraní, las capacidades militares del Estado Iraní, la vulnerabilidad de sus vecinos y las ramificaciones que el conflicto tendría.

En general, la imagen que da el conflicto hasta ahora es una de caos. Además de cometer con mayor profundidad todos los errores que Bush-hijo cometió en 2003, Trump parece estar consiguiendo crear nuevos problemas y peores. Con todas sus dificultades, en 2003 EEUU sabía que hacía en Irak y qué es lo que buscaba. Hoy, qué es lo que Trump está haciendo en el Golfo Pérsico y, sobre todo, para qué hace lo que hace es una incógnita. Un último aspecto que la administración Trump parece haber descuidado es el de sus propias capacidades militares. Uno puede argumentar que el proyecto estadounidense en Irak fracasó por cuestiones políticas internas en EEUU o por la realidad iraquí. Ahora bien, no existe duda de que la situación en Irak era algo que se encontraba bajo su control. Eso no pasa hoy en Irán. Por mucho que Trump anuncie repetidamente que ya ganó, la República Islámica de Irán sigue en la partida, y no en una posición de debilidad extrema o de sumisión.

Por muchos halagos que esta pueda recibir hoy en día, la Guerra del Golfo también tuvo sus críticos en su momento. Lo que ocurre es que la invasión del 2003 tuvo tantos errores que hace que esta primera parezca un ejemplo a seguir. Estas valoraciones no son fijas, sino que son dinámicas. Quizás en algunos años alguien escriba una nota comparando la Guerra en Irán con la Guerra en Irak, y llegue a la conclusión de que, al final, George W. Bush tampoco estuvo tan mal.

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