
Por Valentin Minha
Estamos en una época en la que vivimos acelerados. “Queremos todo ya”, y muchas veces dejamos de lado los objetivos cuyos resultados solo se ven a largo plazo. Pareciera que nos olvidamos de lo que implica esforzarse por algo sin obtener una recompensa inmediata.
Sin embargo, hay cosas que siguen otra lógica: una vocación, una relación o cualquier otro proyecto que necesite tiempo. En La inquilina de Wildfell Hall, publicada en 1848, Anne Brontë nos muestra una historia que nos hace pensar sobre la perseverancia y sobre la importancia de aceptar que no todo se consigue enseguida.
A Gilbert Markham, uno de los protagonistas de la novela, le gusta Helen Graham, una mujer introvertida. Poco a poco, se da cuenta de la historia que tiene detrás y que él desconoce.
Gilbert tiene que aprender que sentirse atraído por alguien no significa conocerlo. Construir una relación es bastante más complejo: significa dejar de lado los prejuicios y estar dispuesto a entender al otro.
Helen, por su parte, necesita atravesar su propio proceso después de un matrimonio difícil. Volver a confiar no significa solamente empezar nuevamente desde cero, sino también poder casarse sin determinarse tanto por su marido.
Asimismo, Brontë trae un tema fundamental: la independencia de la mujer. En la sociedad victoriana, tanto la ley como la sociedad misma impedían que una mujer pueda salir de un matrimonio (incluso en las peores situaciones) y empezar desde cero. Helen rompe con eso. No espera que alguien solucione sus problemas, sino que intenta recuperar el control de su propia vida.
Esto es fundamental en el libro, porque Gilbert, para poder estar con ella, tiene que aprender que él no necesita hacer algo y salvar a alguien; más bien todo lo contrario. Debe darle tiempo a Helen para que resuelva ella sola sus asuntos. Él no tiene que cambiar ni hacer algo complicado: solo esperar.
La novela nos ayuda a reinterpretar el concepto que tenemos de perseverancia. Muchas veces, lo asociamos con insistir hasta conseguir lo que queremos, como si el esfuerzo siempre nos diera el resultado que queremos. Sin embargo, la historia de Gilbert y Helen demuestra que perseverar también significa esperar sin ver resultados, incluso sabiendo que tal vez nunca los vas a llegar a ver.
Y esto no aplica solo para las relaciones. En la carrera, en el trabajo o cualquier proyecto de largo plazo, la frustración se hace presente siempre que los resultados aparecen justo después del esfuerzo. Vivimos viendo en Tiktok o en Instagram a gente mostrando todo lo que consiguieron, pero nunca muestran todo el esfuerzo que hubo detrás; incluso hay gente que intentó llegar ahí, pero nunca logró conseguirlo.
Tal vez, lo que nos falta no es tiempo. Tal vez nos falta aprender a sostener algo que no nos da resultados, incluso cuando nadie reconoce nuestro esfuerzo y el resultado es incierto. Perdimos la capacidad de esperar y, con esta historia, Anne Bronte nos devuelve la idea de seguir adelante sin garantías. No todo se da cuando uno quiere; algunas cosas valen la pena justamente porque llevan tiempo.
