China y varios países del sudeste asiático mantienen reclamos superpuestos sobre islas, aguas y zonas económicas en una de las regiones marítimas más estratégicas del planeta. Recursos naturales, rutas comerciales, derecho internacional y la creciente competencia entre China y Estados Unidos convierten al Mar de China Meridional en un escenario donde un incidente entre barcos puede tener consecuencias mucho más allá de sus costas.
Por Francisco Guzman

Un mar dividido por líneas
El Mar de China Meridional es uno de los principales escenarios de disputa territorial y estratégica de Asia. China, Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi y Taiwán mantienen distintos reclamos sobre islas, arrecifes y espacios marítimos. A ellos se suma Indonesia, que mantiene diferencias con Beijing por la superposición de reclamos alrededor de las islas Natuna.
La disputa no se limita a determinar quién controla una isla. También involucra derechos sobre aguas, zonas económicas exclusivas, recursos naturales, pesca y rutas comerciales. Entre los espacios más importantes aparecen las islas Spratly, las Paracel y el banco de Scarborough.
Uno de los elementos centrales del conflicto es la denominada “línea de nueve trazos”, utilizada por China para representar sus reclamos históricos en amplias zonas del mar. Esta linea se superpone con los espacios marítimos reclamados por otros países de la región.
Los principales actores
China es el actor con los reclamos territoriales más extensos y considera que posee derechos históricos sobre buena parte del espacio marítimo. Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi, Indonesia y Taiwán, aunque con posiciones diferentes entre sí, también tienen intereses territoriales o económicos en la zona.
Cada país tiene, además, motivos concretos para defender sus posiciones. La pesca representa una fuente importante de alimentos e ingresos, mientras que la posibilidad de encontrar petróleo y gas aumenta el valor económico de determinadas áreas.
Pero hay otro factor que explica la importancia del conflicto: por el Mar de China Meridional pasan algunas de las principales rutas comerciales del mundo. Por eso, cualquier deterioro importante de la seguridad marítima podría tener consecuencias que excedan ampliamente a los países directamente involucrados.
¿Por qué importa tanto este mar?
La respuesta está en la combinación de tres elementos: recursos, comercio y seguridad.
Controlar determinadas posiciones marítimas puede permitir ampliar la capacidad de vigilancia y presencia militar, proteger rutas comerciales y aumentar el acceso a recursos pesqueros y energéticos.
Además, pequeñas islas o arrecifes pueden adquirir una importancia enorme cuando se los analiza desde el derecho marítimo. Su existencia y categoría jurídica pueden influir sobre la delimitación de espacios marítimos y, por lo tanto, sobre quién puede ejercer los derechos de explotación de los recursos.
En ese contexto, lo que podría parecer una disputa exclusivamente regional adquiere una dimensión internacional.
El conflicto que llegó a los tribunales
En 2013, Filipinas inició un procedimiento arbitral contra China en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR).
El tribunal emitió su decisión el 12 de julio de 2016. El fallo no determinó quién era soberano sobre las islas, pero sí analizó cuestiones relacionadas con los derechos marítimos y concluyó que determinadas reivindicaciones históricas chinas no podían utilizarse para obtener derechos sobre espacios marítimos que excedieran los límites establecidos por la Convención.
China rechazó el procedimiento y el laudo, por lo que la decisión jurídica no significó el final de la disputa.
El caso mostró, de todos modos, una de las características centrales del conflicto: la tensión entre las reivindicaciones históricas de los Estados y las normas vigentes del derecho internacional del mar.
Filipinas y China: el principal foco de tensión
Dentro de la disputa, la relación entre China y Filipinas se convirtió en uno de los puntos de mayor tensión.
El banco de Scarborough y el Second Thomas Shoal son dos de los espacios donde se produjeron enfrentamientos y episodios de presión entre embarcaciones de ambos países. La presencia de la Guardia Costera china y las operaciones filipinas en áreas disputadas generaron numerosos incidentes.
Los análisis de 2025 registraron un aumento de la presencia china en determinados sectores y durante 2026 las tensiones continuaron, acompañadas por ejercicios militares de Filipinas junto con Estados Unidos y Japón.
Esto muestra que el conflicto no permanece únicamente en el terreno diplomático. La disputa se desarrolla también mediante patrullajes, presencia de embarcaciones, bloqueos, ejercicios militares y acciones destinadas a reforzar el control efectivo sobre determinadas zonas.
Más allá de Asia: el papel de Estados Unidos
Estados Unidos no reclama soberanía sobre los territorios disputados, pero tiene un papel cada vez más importante en la dinámica regional.
Washington defiende la libertad de navegación y tiene un tratado de defensa mutua con Filipinas desde 1951. Sus operaciones y ejercicios militares en la región forman parte de una estrategia más amplia de presencia en el Indopacífico.
Para China, en cambio, la creciente participación estadounidense constituye una injerencia de una potencia externa en una disputa que Beijing considera principalmente regional.
Por eso, el Mar de China Meridional también se convirtió en uno de los escenarios donde se expresa la competencia estratégica entre China y Estados Unidos.
¿Estamos frente a una nueva Guerra Fría?
La comparación aparece con frecuencia, pero debe utilizarse con cuidado.
China y Estados Unidos compiten por influencia, capacidad militar y liderazgo en Asia, pero al mismo tiempo mantienen importantes vínculos económicos. Además, el Mar de China Meridional no enfrenta únicamente a dos grandes potencias: existen numerosos países con intereses propios y reclamos diferentes.
Por eso, más que un enfrentamiento estrictamente bipolar, se trata de un entramado de disputas territoriales y económicas dentro de una competencia internacional mucho más amplia.
Un conflicto que todavía está abierto
A pesar de los mecanismos diplomáticos y jurídicos existentes, la disputa sigue sin una solución definitiva.
Los países involucrados han impulsado negociaciones para establecer reglas de conducta y reducir el riesgo de incidentes, pero los avances diplomáticos conviven con una creciente actividad de patrullaje y presencia militar.
El problema es que un conflicto de estas características no necesita una guerra para provocar una crisis. Un choque entre embarcaciones, una operación de bloqueo o una escalada durante un patrullaje puede generar rápidamente una situación difícil de controlar.
Mucho más que un conflicto territorial
El Mar de China Meridional muestra cómo los conflictos internacionales actuales pueden desarrollarse de manera gradual.
No siempre empiezan con una declaración de guerra. Pueden construirse mediante patrullajes, disputas pesqueras, islas y bases o ejercicios militares o pequeños incidentes entre embarcaciones.
En este caso, detrás de las disputas por islas y arrecifes aparecen cuestiones mucho más amplias: recursos naturales, comercio internacional, derecho internacional, seguridad y competencia por el poder en Asia.
Por eso, el Mar de China Meridional no es solamente un conflicto entre países vecinos. También es uno de los espacios donde se está definiendo parte del equilibrio estratégico de la región y, potencialmente, de la política internacional de los próximos años.