Por Maximiliano Schujman

Estimado/a lector/a: en buena hora Malvinas vuelve a ser un tema relevante en la agenda nacional, no solo por la cadena nacional del presidente argentino sino también por las noticias que llegaron desde las Islas británicas acerca de las crecientes tensiones entre los gobiernos de Escocia, Gales e Irlanda del Norte con Londres, lo que pone en el horizonte la posible disolución del Reino Unido.
Por todo esto me veo en la obligación de escribir esta tercera parte acerca de las oportunidades, riesgos y, lo más importante, aportar al debate sobre la estrategia diplomática que necesita Argentina para recuperar la soberanía en el Atlántico Sur.
En este sentido y haciendo un repaso por las otras dos partes, en algún punto se habló de estrategia y de cómo recuperar la soberanía. En la primera parte se estableció la pregunta “¿Con quienes?” como eje ordenador y se habló de las alianzas que Argentina debe formar según los preceptos de búsqueda de autonomía y Defensa revisionista, estando al mismo tiempo frente a una creciente disputa entre EEUU y China que tiene a América Latina como uno de los tantos escenarios globales. En la segunda parte con el eje ordenador de “¿Cuándo?”, se abordaron las oportunidades que la actual situación internacional le otorgan una ventana de oportunidad a la Argentina para revisar la situación colonial sobre Malvinas sumándose a un proceso global que se denominó en esa segunda parte como “regionalización de la Defensa”: frente al vacío de poder actual en la confrontación por el liderazgo global las regiones entretejen acuerdos de cooperación militar para defenderse entre sí y defender su espacio cercano de la extensión de las tensiones de las potencias globales.
De aquí se entiende que, en algún punto, ya en las anteriores notas se abordaron cuestiones de estrategia al hablar de alianzas y tiempos. Sin embargo, aún no se abordó lo que la Argentina por sí misma debe hacer más allá de construir alianzas y aprovechar la situación en el escenario internacional.
A partir de aquí, se debe entender que existe una relación asimétrica entre Argentina y el Reino Unido ya que este último, a pesar de la actual crisis que atraviesa ya no solo económica sino también de legitimidad, aún se niega a cumplir con la Resolución 2065 que llama a ambos Estados a sentarse a negociar para el restablecimiento de la soberanía, teniendo en cuenta no el deseo pero sí los intereses de los habitantes del archipiélago austral. En este sentido, existen dos etapas por las cuales se debe entender y concebir la estrategia sobre Malvinas.
En primer lugar, lograr que el Reino Unido se comprometa a negociar. Este es un objetivo que la Argentina persigue desde 1983 luego de la derrota militar y el fracaso de la fuerza como vía para recuperar la soberanía. En todo ese tiempo se llevaron a cabo dos estrategias:
Por un lado la vía de la persuasión y del acercamiento, creyendo que estrechando lazos sería una manera por la cual el propio Reino Unido no vería a la Argentina como un enemigo y voluntariamente se sentaría a negociar la devolución pacífica. Sin embargo, esta vía demostró fuertes limitaciones debido a que no se consideró un escenario en el que tras una victoria militar, la potencia ocupante haría todo lo posible por prolongar el statu quo colonial.
Por el otro, la vía de aumentar los costos de ocupación colonial dificultando su logística a través del compromiso de países vecinos a rechazar apoyos o acuerdos que faciliten la posición colonial. Al mismo tiempo, facilitar la logística propia para fortalecer la proyección hacia el Atlántico Sur y la Antártida y construir una economía libre de deudas que condicionan el desarrollo propio y permita una mejor integración regional, sumado a un sistema de defensa en consonancia con los países regionales. Todo esto buscando limitar las proyección militares del Reino Unido que de por sí cuenta con la logística de la OTAN, la cual dispone de una base en Malvinas.
En concreto, Javier Milei en su cadena nacional decidió modificar su postura de admiración a Margaret Thatcher y de desfinanciamiento del Fondo para la Defensa (FONDEF) para el proyecto logístico en Ushuaia y del Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva (FAMP), ya que decidió dar un giro radical y anunciar cambios en la leyes nacionales que prevén sanciones a privados que decidan participar en al economía de la Isla, además de la reactivación de los proyectos desfinanciados. Sin embargo, esto es una postura peligrosa ya que si bien busca ganar simpatía en la opinión pública y ha cumplido efectivamente con los deberes de un presidente argentino en cuanto al reclamo, se expone a que la oposición cumpla un rol de observador y “retruque” la postura actual criticando, por ejemplo, los vínculos del empresario Elzstain con la economía de la Isla o las advertencias realizadas por el intendente de Río Grande, Matin Perez, acerca de las incertezas en el presupuesto nacional de los fondos asignados a las obras anunciadas en cadena nacional.
Más allá de esto, existe una realidad en la que en principio parece que toda la dirigencia política, ya sea con mayor o menor intención electoralista, se puso de acuerdo que la vía es por elevación de costos, dejando de lado así el acercamiento con el Reino Unido. Sin embargo, a esta estrategia le falta algo central: la salida diplomática.
Retomando el argumento, se sabe desde 1982 que la recuperación militar no es una opción y además la propia guerra fue un error estratégico debido a que las Fuerzas Armadas pensaban en esta como una manera de sostenerse en el poder a pesar de la delicada situación económica. La errónea decisión del conflicto bélico hizo que Reino Unido saliera victorioso y buscara mantener la situación colonial lo más posible. A esto se le suma la actual crisis dentro del Reino Unido y en específico de Inglaterra que se ve atravesada por una fuerte crisis política y legítima del sistema bipartidista y de relación con las demás naciones que conforman la Union Jack, lo que lleva a la élite británica a ser más agresiva hacia el exterior: desde Chagos donde siempre hay una excusa para posponer el acuerdo, hasta Malvinas donde por primera vez en la Asamblea General un primer ministro británico hizo alusión a la disputa de soberanía.
Por estos motivos, además de aumentar los costos de ocupación se le debe ofrecer al Reino Unido una salida diplomática ya que no se puede acorralar al enemigo herido sin que se defienda con uñas y dientes. Pero la salida diplomática implica negociar, y negociar implica ceder; ¿Cómo negociar una salida diplomática sin resignar ningún aspecto de la soberanía?
Esta pregunta puede resultar incómoda pero es necesaria para diagramar una estrategia, aunque primero se deben hacer varias consideraciones. En primer lugar, toda negociación se debe hacer en tanto y en cuanto al Reino Unido, debido a los costos elevados en el Atlántico Sur, no le quede otra alternativa que negociar con la Argentina. En segundo lugar, la negociación es y debe ser bilateral entre Argentina y Reino Unido, tal como dicta la Resolución 2065 y por tanto no se necesita una intermediación de organismos internacionales u otras potencias que pueda implicar en algún punto el sostenimiento del status colonial.
En tercer lugar, que los organismos internacionales no formen parte de la negociación final no significa que estas no formen parte esencial de la presión al Reino Unido. De aquí que en el discurso del presidente Javier Milei en la ONU se cometió un error al plantear que este organismo sea inservible mientras por un lado el propio Andy Burnham se convertía por primera vez en el primer ministro británico en nombrar la disputa de soberanía ante la Asamblea General y por el otro fue en esa asamblea en la que Argentina construyó hasta los ´90 el gran consenso intencional sobre Malvinas.
En cuarto lugar, Argentina debe evitar que el Reino Unido se desentienda de manera repentina del status colonial ya que eso estaría en contra de la Resolución 2065 que explicita tener en cuenta no los deseos más sí los intereses de los isleños. Si se diera esa situación, Argentina tendría que, a la misma velocidad y sin necesariamente esa ventaja relativa abordada en el primer punto, integrar a los habitantes de las islas generando problemas económicos, jurídicos, sociales y políticos en las dinámicas del archipiélago y con el continente que podrían generar tensiones o desbalances económicos. Además en ese caos de integrar un territorio colonial, Argentina podría verse debilitada en su proyección al Atlántico Sur, viéndose ese equilibrio Sur-Sur entre las costas atlánticas sudamericana y africana afectado.
En quinto lugar, la presencia militar británica es el punto más sensible de cualquier negociación y, desde la perspectiva de la defensa, un factor de inestabilidad para la Argentina. Aquí entra en juego Estados Unidos, cuya posición puede dificultar una eventual devolución de soberanía. El caso de Chagos lo ilustra: en 2025 el Reino Unido y Mauricio firmaron un tratado para transferir la soberanía del archipiélago, aunque Londres conservaría el control de la base conjunta de Diego García mediante un arrendamiento de al menos 99 años. Sin embargo, el acuerdo no pudo entrar en vigor: como exigía modificar un tratado angloestadounidense de 1966, el Reino Unido necesitaba el consentimiento de Washington, que retiró su apoyo, y el gobierno británico archivó la legislación necesaria para ratificarlo. En Malvinas el escenario es distinto, ya que la base existente es británica y no estadounidense. Aun así, Estados Unidos, por su alianza estratégica con el Reino Unido (miembro de la OTAN), condiciona el margen de acción argentino y puede limitar su proyección en Sudamérica y América Latina.
Por lo tanto, la posición de ventaja relativa de Argentina no debe representar un desafío abierto y directo a EE UU: Esto es en términos de Defensa cooperar abiertamente con China. De aquí la cooperación con Chile y Brasil ya que no solo se crea un bloque disuasorio contra el Reino Unido sino también sin recurrir a potencias extra-hemisféricas le da margen de maniobra a la Argentina frente a EEUU con ojo sobre la región.
Teniendo en cuenta estas consideraciones se deben analizar los diferentes tipos de acuerdos según el derecho internacional por el cual es reconocida la soberanía y se devuelve la administración de un territorio.
Por un lado está la opción inviable del condominio ya que como se vió, no es aceptable para la Argentina la presencia de una potencia militar extranjera en territorio soberano. Tampoco se acepta un condominio con más de un Estado con la presencia tripartita de Estados Unidos ya que eso profundizaría la presencia de las potencias no-occidentales que harían del Atlántico Sur un espacio más de disputa perjudicando a los Estados periféricos ribereños de la parte austral del océano.
Tampoco es aceptable la autonomía especial que se aplicó al Caso Hong Kong por el cual el territorio devuelto contaba con poderes especiales. Este rechazo se debe a que darle autonomía a Malvinas implicaría fragmentar el territorio de la Provincia de Tierra del Fuego dándole poderes administrativos que limiten una coordinación necesaria entre las jurisdicciones nacional y provincial al momento de integrar territorio colonial. Además, esta resolución al estilo “Un país, dos sistemas” permitiría la continuación del esquema colonial en materia administrativa, económica y política.
Por último, también se rechaza la resolución vía el arrendamiento debido a que si bien se reconoce desde un principio la soberanía del Estado receptor de la devolución administrativa y jurisdiccional, este último debe aceptar por un periodo de tiempo la presencia de la ocupación que utiliza el territorio a cambio de una compensación anual. Esta fue la resolución de Chagos. Sin embargo, la diferencia con Chagos es que al momento de la devolución no existía población implantada más que el personal de la base militar conjunta británica-estadounidense por lo que no había que por ejemplo adaptar todo un sistema legal y a su vez precisamente lo único que había en la Isla era la base. Por tanto, Mauricio no podía pedir la retirada inmediata de tropas ya que era la estructura que justificaba la presencia colonial. De aquí que el acuerdo del arrendamiento sea por un tiempo prolongado (99 años) y por extensión he aquí la dificultad para Mauricio de esperar a que el Reino Unido cumpla con el acuerdo cuando precisamente lo que tiene es el poder militar.
Por todo esto, la salida que Argentina en su ventaja relativa debe proponer es un acuerdo de transición programada por un periodo relativamente corto de tiempo y que además lo primero que se vuelva efectivo sea la retirada de la presencia militar británica. A partir de allí negociar el método y forma según estándares internacionales y convencionales (acordados entre las partes) de la transferencia gradual y escalonada de funciones. Esta debe a su vez tener en cuenta a la población local bajo un régimen de minoría con derechos garantizados junto a procedimientos para asegurarlos. Un ejemplo podría ser la educación bilingüe. Además, se debe tener en cuenta que debido al marco legal argentino, muchas de las funciones transferidas a la Argentina deben de redirigirse al Estado provincial y luego al Municipio de por ejemplo Puerto Argentino. En este sentido será vital la coordinación interjurisdiccional para no solo dividir la administración sino para algo más profundo que es darle legitimidad al nuevo sistema poscolonial. Especialmente aquí entra en discusión el esquema impositivo del archipiélago, la estructura económica y su andamiaje legal en cuanto a actividad comercial y financiera y la relación política con la Isla Grande y el resto del continente.
Luego de todo este desarrollo y retomando los textos anteriores es claro que Malvinas en su doble naturaleza de causa y cuestión es la clave del desarrollo argentino afectando a todos los orbes de vida social, definiendo las prioridades políticas en torno al anhelo de construir un país bicontinental. En este sentido y en un contexto de reordenamiento mundial, la política exterior llevada adelante por la Cancillería y un cuerpo diplomático debe lograr efectuar ni más ni menos que la construcción de alianzas, aprovechar las oportunidades para aumentar el poder relativo de Argentina en el resto de áreas del Estado en particular y del país en general con especial atención en las FFAA, para así lograr concluir su tarea de negociación directa con el Reino Unido intentando balancear la realidad de ceder en la mesa con el objetivo final y totalizante de recuperar el ejercicio efectivo de la soberanía sobre las Islas Malvinas. Porque después de todo solo cabe la responsabilidad de la conciencia como fundamento del pasado, defensa en el presente y garante de nuestro futuro ya que como supo, sabe y sabrá el mundo: siempre fueron, son y serán efectivamente argentinas.