Un análisis más cercano
Por Nicolás Fernández Kostetsky

En virtud de las elecciones que se llevaron a cabo en la República Federativa de Brasil durante la jornada del 4 de octubre, que dejaron a Flávio Bolsonaro, líder del opositor Partido Liberal (PL) e hijo del condenado expresidente Jair, primero con el 47,03%, frente al 45,16% de Lula, conductor del Partido de los Trabajadores (PT) que busca reelegirse y lograr su cuarta presidencia, y llevaron la definición al balotaje del 25, me propuse el objetivo de brindar un panorama general a los lectores frecuentes de la revista (o a aquellos que leen este artículo por mera curiosidad, pero que no están inmersos directamente en lo que es el mundo de la política internacional) de algunas de los cuestiones relacionadas al proceso electoral, la situación político-social que atraviesa el país, y algunos de los aspectos fundamentales (tanto en términos de política doméstica como exterior) que se van a definir en las urnas, pero no a partir de una puesta en escena de las propuestas electorales o de un análisis político o sociológico hecho desde una computadora en Buenos Aires.
Para la realización de este artículo, me enfoqué en buscar una mirada más profunda y precisa sobre el panorama del Brasil. Considerando el escaso conocimiento general de nuestros compatriotas (incluyéndome) en relación con el contexto brasilero, las dificultades generales de la población y sus necesidades, la constante lucha partidaria y lo que se ve en el día a día de todo brasilero que consuma los diarios o los medios, los intereses estratégicos y geopolíticos nacionales y su propia idiosincrasia, comprendí que lo más adecuado no era opinar por mi parte sobre la situación de dicho país, como si fuera un analista experto. Intentando alejarme de la redacción de un artículo meramente informativo sobre el país de habla portuguesa, que retroalimenta la tendencia de los grandes medios de solo brindar datos estadísticos o comentar sobre eventos precisos, me enfoqué en poder difundir, a partir de las palabras de algunos de los ciudadanos de aquella nación, una redacción que ayude a, por lo menos, conocer más precisamente las circunstancias concretas del Brasil.
Por eso mismo, decidí pasar la palabra para que respondan aquellos que viven en carne propia las circunstancias de aquel país, sabiendo que darán una mejor descripción de la situación. Para esta tarea conseguí entrevistar a Lívia Azevedo de Faria, estudiante de Relaciones Internacionales en el Instituto Brasileiro de Ensino, Desenvolvimento e Pesquisa (IDP), que ejerce actividad en la CGCPOL (Coordenação-Geral de Cooperação Policial Internacional) dentro de la Policía Federal de Brasil. Además, pude conseguir el contacto de Enzo Silva Gambetta, estudiante de Relaciones Internacionales de la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro, que también brindó su propia voz para la ocasión.
A partir de una serie de preguntas que abordan tanto cuestiones de política interna como exterior, más algunas consideraciones personales, se buscó que los entrevistados puedan expresar su propia visión acerca del panorama nacional, que nos ayude a acercarnos por lo menos un poco a la realidad actual (y futura) del mayor país de Sudamérica:
[Nota del editor: las entrevistas se realizaron antes de conocerse los resultados de la primera vuelta]
Considerando la creciente polarización en la sociedad brasileña, y la normalización de la violencia en el discurso electoral entre el oficialismo y la oposición bolsonarista, ¿Cómo ves la situación social en el día a día en el Brasil? ¿Hay un debate agresivo y constante entre la población en el día a día, o considerás que una parte importante del electorado no sigue el discurso agresivo de los candidatos?
Lívia: “Ante todo, en lo que respecta al nivel de polarización en comparación con países como Argentina o Italia, considero que el elemento central en Brasil no es únicamente la divergencia ideológica sobre proyectos de Estado, sino la consolidación de la llamada polarización afectiva. Observo que el antagonismo entre el lulismo y el bolsonarismo ha moldeado identidades de grupo muy rígidas, donde el rechazo al adversario a menudo se impone sobre la adhesión a una propuesta específica. Aunque Argentina presenta históricamente una fractura social y política profunda (la llamada “grieta”) e Italia vive una alta volatilidad y fragmentación partidaria, percibo que Brasil alcanzó un nivel de división identitaria e institucional bastante elevado en un corto intervalo de tiempo, lo que ha generado una sensación constante de crisis permanente.
Por otra parte, sobre el discurso de los candidatos y la falta de debate pragmático, veo con preocupación cómo la disputa electoral se ha desplazado de la presentación de propuestas concretas de políticas públicas hacia una lógica predominantemente defensiva e identitaria. Cuando candidaturas del gobierno o de la oposición evitan detallar planes de gobierno o responder sobre métricas de gestión, entiendo que esto responde a una estrategia calculada: en un ambiente hiperpolarizado, movilizar el temor al retorno o a la permanencia del adversario genera más votos y compromiso que discutir reformas presupuestarias, salud o educación. En mi evaluación, el discurso moral y la retórica del "nosotros contra ellos" terminan vaciando la sustancia del debate democrático.
En última instancia, en lo relativo a la convivencia social cotidiana, noto una diferencia importante entre la agresividad del debate público-digital y la realidad diaria de la mayoría de la población. Aunque en periodos electorales la tensión aumenta y llega a afectar relaciones familiares o laborales, veo que en el día a día las personas continúan conviviendo y colaborando por razones prácticas. Existe una franja significativa de la sociedad que no participa activamente en la militancia continua y cuyas prioridades inmediatas son el costo de vida, la seguridad y el empleo. Creo, por lo tanto, que la polarización extrema se ve alimentada y amplificada por las élites políticas y las redes sociales, mientras que la vida social ordinaria aún conserva espacios de pragmatismo y convivencia.”
Enzo: “En el día a día, la actual polarización política es muy intensa y se aborda constantemente en la vida cotidiana de las personas, especialmente en el ámbito estudiantil. Sin embargo, esto no ocurre en todos los sectores de la sociedad; muchas personas optan por mantenerse al margen del debate político, ya sea porque tienen preocupaciones mayores —como los ingresos, dado que la mayor parte de la población brasileña es pobre— o porque no se sienten cómodas expresando sus opiniones políticas, conscientes de que serán juzgadas y podrían ser mal vistas en ciertos círculos sociales.”
En relación con la seguridad, tanto Lula como Flávio Bolsonaro tienen entre sus principales propuestas reforzar la lucha contra la inseguridad y el crimen organizado, especialmente frente a organizaciones como el PCC (Primeiro Comando da Capital) y el Comando Vermelho (CV). Considerando las distintas medidas que ambos candidatos proponen implementar y sumando tu propia experiencia respecto de la inseguridad, ¿cuáles de estas propuestas considerás más adecuadas para enfrentar el problema y por qué? ¿Creés que la inseguridad constituye una de las principales preocupaciones en la vida cotidiana de los brasileños?
Lívia: “Al analizar la situación de inseguridad y la expansión del crimen organizado en Brasil, considero que el país necesita una respuesta firme, categórica y sin concesiones. Por esta razón, me manifiesto a favor de la implementación de las medidas propuestas en el "Plano Brasil sem Medo" de Flávio Bolsonaro, así como de la adopción de un modelo de contención y tolerancia cero inspirado en la experiencia de El Salvador.
Desde mi perspectiva, la realidad cotidiana exige priorizar la protección de los ciudadanos de bien ante el dominio de las facciones criminales. La tipificación explícita del PCC y el Comando Vermelho como organizaciones narcoterroristas me parece un paso indispensable para permitir que el Estado emplee toda su fuerza operacional e institucional en su combate. Asimismo, respaldo plenamente la creación del Complexo Federal "TREVA" y el establecimiento de un régimen carcelario de máxima seguridad que garantice el aislamiento absoluto de los líderes criminales, impidiendo que sigan dirigiendo actividades delictivas desde el interior de los presidios.
Pienso que medidas como la eliminación de la progresión de régimen para delitos graves, la reducción de la mayoría de edad penal a los 16 años y el despliegue de fuerzas de élite en puertos y fronteras son respuestas proporcionales a la gravedad de la violencia que enfrenta la sociedad. Si bien existen visiones que priorizan abordajes de más largo plazo o de índole exclusivamente preventiva, considero que, ante el nivel de amenaza actual, la prioridad inmediata del Estado debe ser restablecer el orden, recuperar el control territorial y garantizar que las familias brasileñas recuperen la tranquilidad y el derecho a vivir sin miedo.”
Enzo: “La inseguridad es la mayor preocupación en la vida cotidiana; el miedo a ser asaltado cada vez que se sale a la calle es real, incluso en barrios considerados exclusivos. En mi opinión y según lo que observo, el gobierno brasileño de izquierda (Lula) no trata la cuestión de la seguridad como una prioridad, buscando combatirla mediante medidas a largo plazo. La derecha, por otro lado, aborda el problema de la delincuencia como un asunto más serio, empleando medidas intervencionistas más efectivas a corto plazo. Sin embargo, no se trata solo del presidente; existen otros actores que desempeñan un papel relevante en este tema, como el Supremo Tribunal Federal, que actualmente está alineado con el gobierno de izquierda y dificulta operaciones de seguridad armada más independientes (emprendidas por el gobernador). Un ejemplo de esto es la exitosa operación organizada por el gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, la cual no fue bien vista por el gobierno central, lo que dio lugar a investigaciones y diligencias en el ámbito federal.”
Entrando en el ámbito de la corrupción estructural del sistema político brasileño, sobre todo en consideración del caso del Banco Master y las múltiples acusaciones a miembros del Supremo Tribunal Federal (STF), ¿qué prioridad entienden que debe tener la lucha contra la corrupción y el clientelismo para el candidato entrante de su preferencia?
Lívia: “Considero que la lucha contra la corrupción estructural y el clientelismo debe ser la prioridad absoluta e impostergable para el candidato entrante. El escándalo del Banco Master y las actuaciones atribuidas al banquero Daniel Vorcaro han funcionado, tal como lo percibo, como un verdadero caballo de Troya que expuso la profundidad del deterioro institucional en Brasil.
Nos encontramos ante un evento sin precedentes en la historia financiera y política del país. Lo más alarmante de este caso no es solo la magnitud de los recursos involucrados, sino la forma en que se ramificó hacia todos los sectores del poder: conexiones transversales con figuras del Gobierno —tanto de derecha como de izquierda—, contratos millonarios que salpican directamente el entorno familiar de miembros del Supremo Tribunal Federal (STF) y hasta el uso de estructuras de coacción y milicias. Esta convergencia de intereses entre el poder financiero, el poder político y las altas esferas de la justicia destruye la confianza pública y genera un profundo descrédito hacia las instituciones. Por estas razones, estoy convencida de que la lucha anticorrupción retoma un protagonismo central e ineludible en el debate electoral. La sociedad brasileña ha llegado a un punto de saturación total frente al uso del Estado para el beneficio de élites económicas y políticas. Para el próximo presidente, combatir el clientelismo y garantizar la transparencia y la independencia real en los órganos de fiscalización y justicia no puede ser una promesa secundaria, sino el pilar fundamental para restaurar la legitimidad del sistema y devolver la dignidad al país.”
Enzo: “Uno de los argumentos fuertes de la derecha es el combate a la corrupción, bajo la premisa de que la izquierda brasileña posee un amplio historial de delitos y escándalos de corrupción. Sin embargo, los actuales exponentes de la derecha carecen de refinamiento; son rudos y, al no demostrar una superioridad clara, dividen al electorado al vincular sus agendas y objetivos políticos con elementos populistas que considero secundarios, como la religión o el aborto. En este sentido, la lucha contra la corrupción constituye uno de los principales argumentos de la derecha política. Por otro lado, en el caso del Banco Master, destaca la figura de Daniel Vorcaro: quien se encuentra en prisión preventiva debido a los escándalos de la entidad, también aportó una financiación millonaria para la producción de una película sobre Bolsonaro, lo que genera dudas sobre el destino real del dinero y coloca a Flávio Bolsonaro en una situación comprometida.”
Siguiendo con la línea electoral y llevándola en torno al conflicto dentro del STF entre Alexandre de Moraes y André Mendonça por las acusaciones de corrupción y de imparcialidad política en referencia al perfil de ambos jueces, que se los considera representantes de uno de los dos bandos en pugna, ¿cómo entienden que puede influir el caso y la mediatización del mismo en el resultado electoral, y a qué partido creen que puede fortalecer más de cara a las elecciones de octubre?
Lívia: “Al evaluar la tensión y la evidente división dentro del STF entre Alexandre de Moraes y André Mendonça en torno al caso del Banco Master, considero que nos encontramos ante un catalizador decisivo para las elecciones de octubre. La revelación de los informes de la Policía Federal —donde salieron a la luz los mensajes enviados por Daniel Vorcaro mediante imágenes de visualización única y los millonarios contratos que involucran al entorno del magistrado— representa, a mi juicio, un punto de quiebre que altera drásticamente el mapa político e institucional. Desde mi perspectiva, la mediatización de este escándalo erosiona directamente la bandera del "resguardo institucional" y acelera la reconfiguración de las fuerzas políticas de cara a las urnas. Considero que el escenario actual beneficia y consolida de forma contundente la narrativa del Partido Liberal y de los sectores alineados con la derecha. La actuación del ministro André Mendonça, al levantar el sigilo de las investigaciones de la Policía Federal y viabilizar el trámite del caso, posiciona a esta ala como el baluarte de la fiscalización, la transparencia y la lucha contundente contra la impunidad. Esta postura revalida el discurso de que el sistema requería un contrapeso urgente, inyectando un fuerte dinamismo electoral a los candidatos identificados con esta línea.
Además, pude observar que la figura de Alexandre de Moraes se ha vuelto crecientemente incómoda para diversos sectores del gobierno. Al recordar que su nombramiento provino originalmente de la gestión de Michel Temer, figuras de centro e incluso facciones de la izquierda tradicional han comenzado a marcar distancia para no pagar el costo político del descrédito institucional. Esta fragmentación debilita la cohesión del bloque oficialista o de centroizquierda, privándolo de un relato unificado de defensa institucional.
Concibo que el escándalo del Banco Master funciona como el eje articulador del descontento social. El electorado percibe con indignación la mezcla de influencia financiera, contratos de gran escala y nexos en las altas esferas del poder. En este contexto, el votante tenderá a favorecer las opciones que encarnen una ruptura real contra el favoritismo y las estructuras del clientelismo político. En conclusión, estimo que la exposición mediática de esta crisis en el STF favorece de forma sustancial al Partido Liberal y a las fuerzas que demandan un cambio drástico de rumbo. Considero que este caso ubica nuevamente a la integridad pública y al combate a la corrupción en el centro prioritario de las decisiones electorales, perfilándose como el criterio determinante para el voto en los próximos comicios.”
Enzo: “Esta gran polarización en el STF es una vergüenza; el STF en su conjunto está cooptado y tiene un bando favorito. A mí, como ciudadano, me resulta difícil creer en la integridad de las urnas, y cuestionarlas debería ser un derecho nuestro —algo que no parece ser así, dados los casos recientes que involucran al STF y la desconfianza en el sistema electoral. Claramente, Lula y el PT se ven beneficiados por el STF en las elecciones.”
Entrando en el ámbito de la política exterior, Lula da Silva propone continuar con una postura de fuerte multilateralismo, profundizar el acercamiento al Sur Global, mantener la participación de Brasil en los BRICS y fortalecer el MERCOSUR, además de impulsar una reforma estructural de la Organización de las Naciones Unidas; por su parte, Flávio Bolsonaro busca, entre otros objetivos, estrechar los vínculos con Washington, especialmente a través de iniciativas como el “Escudo de las Américas”, profundizar el acercamiento a Israel y abandonar los BRICS, planteando una política exterior más alineada con Estados Unidos y las democracias occidentales. Teniendo en cuenta las posturas de ambos candidatos y desde tu perspectiva como estudiante de Relaciones Internacionales, ¿qué estrategia considerás que podría resultar más conveniente para Brasil en términos de una política exterior estratégica de largo plazo y por qué? ¿Considerás que la integración regional a través del MERCOSUR y la participación en los BRICS pueden ofrecer mayores beneficios para los intereses brasileños, o que en su lugar podría lograr un acercamiento más estrecho a Estados Unidos y a las potencias occidentales?
Lívia: “Como estudiante de Relaciones Internacionales, creo que la política exterior de Brasil debe guiarse por el pragmatismo, la autonomía estratégica y la defensa estricta del interés nacional, alejándose de alineamientos ideológicos automáticos que limiten nuestro margen de maniobra internacional.
En ese sentido, miro con preocupación la ruptura de la tradición diplomática de neutralidad y solución pacífica de controversias que históricamente ha caracterizado a Itamaraty. La toma de postura o el involucramiento verbal directo en conflictos internacionales complejos —como la conflagración entre Israel y Palestina o las tensiones entre grandes potencias— no resulta una estrategia inteligente para el país. Tomar partido en disputas ajenas donde hay intereses cruzados de superpotencias solo expone al Estado brasileño a costos políticos innecesarios y merma nuestra credibilidad como interlocutor sobrio y equilibrado en la escena global.
Respecto a nuestras alianzas multilaterales, sostengo que la permanencia y participación activa de Brasil en el bloque de los BRICS es absolutamente fundamental y estratégica para nuestra economía. China representa nuestro principal socio comercial y el mayor comprador de nuestras exportaciones, mientras que Rusia es el principal proveedor de fertilizantes e insumos básicos para nuestro agronegocio, un sector que representa aproximadamente un tercio del PIB nacional. Abandonar o debilitar el espacio de los BRICS por razones ideológicas supondría un costo enorme e injustificado para la producción agrícola y el crecimiento económico del país. Sin embargo, estar a favor de mantener una relación fluida y de cooperación dentro de los BRICS no significa adoptar una postura antioccidental ni dar la espalda a Estados Unidos. EE.UU. continúa siendo nuestro segundo socio comercial más importante y una fuente histórica de inversión directa, tecnología y lazos institucionales. Por ello, considero desatinada la falsa dicotomía que pretende obligar a Brasil a elegir entre Oriente y Occidente.
En conclusión, estimo que la política exterior más conveniente para Brasil a largo plazo es el retorno a un universalismo pragmático y verdaderamente neutral: diversificar nuestras asociaciones, fortalecer la integración regional según nuestros intereses reales y comerciar con todo el mundo sin subordinaciones dogmáticas. Mantener puertas abiertas con las potencias occidentales y con las economías emergentes es el único camino para resguardar nuestra soberanía y maximizar el desarrollo nacional.”
Enzo: “Considerando los enfoques de la política exterior brasileña, creo que lo ideal sería un americanismo pragmático (algo diferente del modelo de sumisión adoptado por Bolsonaro, que genera vulnerabilidad). La idea consiste en un acercamiento a Washington y a las potencias occidentales, pero con reservas y preservando la soberanía del país. Por más que los BRICS y el Mercosur puedan fomentar la diversificación de las alianzas económicas de Brasil, sus miembros tienen intereses distintos. Brasil está históricamente más próximo a EE. UU., lo que le permite obtener beneficios que dichas organizaciones no podrían ofrecer. En general, lo ideal para Brasil no es alejarse de EE. UU. en favor de esas organizaciones —ni tampoco apartarse totalmente de ellas—, sino considerar el panorama general y cómo esos países necesitan a Brasil.”
Entendiendo la importancia de la República Popular China en la economía nacional, siendo su máximo socio comercial, y el acercamiento constante entre Brasilia y Beijing, ¿considerás que el incremento de la influencia del gigante asiático es positivo para el desarrollo y la soberanía del Brasil, y por qué?
Lívia: “Al analizar la relación bilateral con la República Popular China, considero que el incremento de su presencia e influencia en Brasil no solo es positivo, sino estratégicamente beneficioso para nuestro desarrollo nacional. Lejos de representar una amenaza a nuestra soberanía, veo en esta alianza una oportunidad histórica para impulsar el salto tecnológico, industrial e infraestructural que el país necesita de manera urgente. Desde mi perspectiva como estudiante de Relaciones Internacionales, reconozco que China ya es el motor de nuestro comercio exterior y nuestro principal socio comercial. No obstante, el mayor valor de esta relación en el siglo XXI trasciende la mera exportación de commodities agrícolas y mineras. Considero que el verdadero potencial radica en la transferencia de tecnología y en la atracción de inversiones de alto valor agregado. El liderazgo global chino en áreas de vanguardia como la tecnología 5G, la inteligencia artificial, la electromovilidad y las energías limpias posiciona a Beijing como un aliado clave para modernizar la estructura productiva brasileña.
Asimismo, destaco el impacto positivo de las inversiones chinas en la infraestructura nacional y la conectividad. Proyectos a gran escala en generación y transmisión de energía, logística y telecomunicaciones —alineados con iniciativas de alcance global como la Belt and Road— son fundamentales para reducir el llamado "Costo Brasil", mejorar la competitividad de nuestras empresas y dinamizar la economía de diversas regiones del país. En cuanto a la soberanía, sostengo que esta no se pierde por cooperar con una potencia emergente, sino que se fortalece cuando el Estado brasileño actúa con pragmatismo y capacidad de negociación. Brasil no debe asumir una posición de subordinación ante ningún actor global, pero sí debe aprovechar las complementariedades económicas para financiar su propio desarrollo.
En conclusión, estimo que profundizar la integración económica y tecnológica con China es una decisión de estado acertada. A través de alianzas estratégicas bien negociadas que fomenten el desarrollo tecnológico local y la mejora de nuestras infraestructuras, Brasil puede consolidar su crecimiento económico, elevar su competitividad global y reafirmar su autonomía estratégica en el escenario internacional.”
Enzo: “Creo que sí; China es, con gran diferencia, el mayor socio comercial de Brasil, ya que importa casi el 30 % de los productos brasileños. Esto se debe principalmente a la demanda china y a la oferta brasileña: China cuenta con una de las poblaciones más grandes del mundo y una enorme cabaña ganadera que alimentar, mientras que Brasil se ha especializado en la producción de materias primas agrícolas, convirtiéndose en uno de los mayores productores a nivel mundial. El estrechamiento de los vínculos con China genera una relación de dependencia mutua; el país asiático se ha convertido en el principal consumidor del producto que Brasil más produce (la soja). La contrapartida que observo es el desincentivo para que Brasil añada valor a sus exportaciones —cuyo 80 % se concentra en cinco productos primarios de bajo valor—, lo que lo condena a ser «la granja del mundo» si no toma medidas con cautela. No obstante, en general, considero que un acercamiento comercial a China resulta beneficioso para Brasil.”
Con relación a la cooperación entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil, que se ha visto deteriorada en términos diplomáticos tras incidentes recientes, ¿cómo ves el futuro de las relaciones bilaterales entre ambos estados, según cualquiera de las dos opciones principales en las urnas? Hablando en el plano comercial, ¿cómo crees que la continuidad de Lula o la llegada de Bolsonaro podría afectar a las sólidas relaciones comerciales?
Lívia: “Al evaluar el futuro de las relaciones bilaterales entre Brasil y Argentina, creo que el resultado de las próximas elecciones presidenciales será el factor determinante para definir el rumbo comercial y diplomático entre las dos principales economías de América del Sur. Las fricciones diplomáticas recientes han dejado en evidencia cómo los desencuentros políticos y las declaraciones cruzadas —incluidos los agravios explícitos lanzados por el presidente Javier Milei hacia la figura presidencial brasileña durante eventos de la oposición— han generado un distanciamiento perjudicial para la integración regional. Desde mi perspectiva, la continuidad de la gestión de Lula mantendría un techo de tensión diplomática y frialdad institucional con Buenos Aires. Si bien el comercio de bienes industriales y productos agrícolas posee un flujo histórico difícil de interrumpir por completo, las diferencias ideológicas manifiestas entre ambos mandatarios seguirán obstaculizando proyectos de integración profunda, como el avance de acuerdos estratégicos dentro del MERCOSUR o la facilitación de grandes inversiones transfronterizas. Por el contrario, considero que una victoria de Flávio Bolsonaro representaría el escenario más lógico y propicio para un alineamiento inmediato con el gobierno argentino. Una alineación política e ideológica entre Brasilia y Buenos Aires reabriría canales de diálogo directo a nivel de Jefes de Estado, disipando las tensiones diplomáticas acumuladas. Este acercamiento facilitaría una mayor cooperación bilateral, la agilización de intercambios comerciales y una reactivación pragmática del bloque regional enfocada en el libre comercio y la desregulación, beneficiando a sectores clave como la industria automotriz, la energía y el agronegocio en ambos países. En conclusión, estimo que, si bien la interdependencia económica entre ambos Estados es sólida, la voluntad política es el verdadero motor del comercio bilateral. Un triunfo de la derecha en Brasil permitiría recomponer la confianza mutua, superar los impases diplomáticos recientes y consolidar una alianza comercial y geopolítica estratégica basada en coincidencias ideológicas y objetivos de desarrollo compartidos.”
Enzo: “La relación entre ambos países se vio efectivamente perjudicada por la política; la elección de Lula en Brasil y su postura frente a las políticas de Milei afectaron negativamente el vínculo entre ambos. Considero que, con la continuidad de Lula (quien busca vías de negociación más multilaterales, utilizando por ejemplo el Mercosur), la relación no mejoraría, ya que las diferencias políticas han creado una barrera entre los países, vinculada en gran medida no solo a las naciones en sí, sino a los propios presidentes. En el escenario actual, con la victoria de Flávio, creo que las relaciones tenderían a mejorar y se podrían establecer acuerdos bilaterales. Lo que no me agrada es el hecho de que la relación entre los países dependa tanto de los presidentes que ocupan el cargo; se ha vuelto muy volátil.”
Como última pregunta, me gustaría volcarme más a un carácter reflexivo personal: entendiendo tu formación en la carrera universitaria, que te permite analizar la realidad de una manera más profunda y comprensiva, sumado a su carácter de ciudadano de la República Federativa del Brasil, pudiendo ver lo mejor y lo peor, los errores y el potencial posible, y la idiosincrasia del quinto país más grande del mundo y más poblado de Sudamérica. ¿Por qué cree que Luiz Inácio Lula da Silva o Flávio Bolsonaro es el indicado para guiar las riendas de la gran potencia regional y por qué lo considera? A partir de su respuesta, ¿cómo ves al Brasil en los próximos años, internacionalmente e internamente?
Lívia: “Como estudiante de Relaciones Internacionales y brasileña, abordo esta reflexión desde un escepticismo crítico frente a las opciones que nos ofrece el escenario político actual. Debo ser honesta: no me siento identificada ni representada de manera plena por ninguno de los dos líderes contendientes, y al evaluar sus perfiles, no los considero plenamente capacitados para guiar el enorme potencial y las demandas estructurales de una potencia de nuestra magnitud. Sin embargo, al poner en una balanza las prioridades operativas más urgentes e ineludibles que enfrenta el ciudadano brasileño en el día a día —concretamente la crisis de seguridad pública, el dominio de las facciones criminales y la necesidad de dinamizar la economía—, considero que la plataforma y las propuestas presentadas por Flávio Bolsonaro atienden de forma más directa y firme las necesidades inmediatas de la nación. Frente a un escenario de violencia endémica que asfixia a nuestras ciudades, la firmeza institucional y la protección efectiva de la sociedad se perfilan como prioridades indispensables para garantizar un orden mínimo sobre el cual construir cualquier desarrollo posible.
En cuanto a las perspectivas para los próximos años, prever el futuro de un país tan dinámico como Brasil es una tarea sumamente compleja; no obstante, vislumbro un panorama complejo en el ámbito interno. La situación presupuestaria e institucional es sumamente grave: con proyecciones del Banco Central que ubican la deuda pública en torno al 82% del PIB, considero que, independientemente de quién resulte vencedor en las urnas, Brasil se encamina hacia tiempos difíciles marcados por el estrechamiento fiscal, tensiones presupuestarias y el riesgo real de una recesión o desaceleración económica. Corregir los desequilibrios de las cuentas públicas exigirá un costo alto que afectará el dinamismo interno.
En el plano internacional, sostengo que la imagen estratégica de Brasil mantendrá su núcleo histórico de fortaleza. Más allá de la polarización política de turno o de los vaivenes diplomáticos, el país seguirá siendo reconocido globalmente como una indiscutible potencia emergente, un actor indispensable en el mapa geoeconómico y una referencia mundial absoluta en el sector agropecuario y en la provisión de recursos estratégicos. La escala de nuestra producción y la relevancia de nuestra diplomacia productiva son factores estructurales que trascienden a cualquier gobierno, asegurando que Brasil conserve su peso como líder regional y potencia global.”
Enzo: “Personalmente, creo que Flávio Bolsonaro es la opción más indicada. Lula tiene un historial pésimo, directamente vinculado a la corrupción, y un gran apego al poder; considero que su visión para el país es lamentable, al igual que las políticas que se implementan bajo su mandato. Por otro lado, Flávio se presenta como una alternativa: aunque no sea un buen candidato, es quien tiene mayor capacidad para sacar a la izquierda del poder y posee una visión del país que —aunque sea ligeramente— se alinea más con la mía, aún sin considerarlo el candidato ideal. Actualmente, para el pueblo brasileño (refiriéndome a la oposición al gobierno), lo ideal es sacar a la izquierda del poder; no se trata específicamente de votar a Flávio por ser un buen candidato, sino de desplazar a Lula. En este sentido, es difícil visualizar el escenario futuro del país a nivel nacional; creo que, con la victoria de Flávio, la delincuencia tendería a disminuir, a diferencia de lo que ocurriría con una victoria de Lula (quien no aborda esta cuestión como una prioridad). La relación con las empresas extranjeras mejoraría gracias a la alineación de una derecha en el poder. La situación actual del STF (completamente manipulado a favor de la izquierda) es vergonzosa, un fracaso democrático que se acerca a las dictaduras reales; me entristece y me enfurece ver las noticias sobre sus decisiones. Hemos tenido varios casos emblemáticos y absurdos relacionados con el STF, el presidente y la Cámara, como el caso de X (con Elon Musk) —que considero una vergüenza—, el caso de Discord y ahora el de las Bets (casas de apuestas en línea). Todo esto es solo la punta del iceberg; se han tomado muchas otras medidas, y con la izquierda en el poder, la situación no hará más que empeorar. En el ámbito internacional, la tendencia es que, en ambos casos, la vertiente comercial siga fuertemente apoyada en el sector agrícola sin experimentar grandes cambios en ese sentido; sin embargo, las relaciones con otros países sí variarán en el plano ideológico —produciéndose un distanciamiento respecto a las dictaduras—, así como la cuestión de la inversión extranjera en Brasil. En este último aspecto, y retomando algunos de los casos mencionados anteriormente (X, Discord, Bets...), la situación empeorará con la victoria de Lula, ya que las empresas reducirán sus inversiones en el país debido a su inestabilidad burocrática; por el contrario, ocurriría lo opuesto si la derecha llegara al poder.”