¿Una fecha para los trabajadores o para unos pocos?
Por Julieta Cielo Moreno Marin

Una mañana de octubre de 1945, miles de trabajadores de distintos sectores comenzaron a reunirse en Plaza de Mayo, escenario de numerosos acontecimientos de la historia argentina. Sin embargo, esta vez la multitud tenía un reclamo concreto: la liberación de un hombre cuya figura comenzaba a transformar la política nacional. ¿Quién era? ¿Por qué miles de trabajadores se movilizaban por él?
El coronel Juan Domingo Perón había sido detenido el 12 de octubre y trasladado a la isla Martín García, tras ser desplazado de sus cargos dentro del gobierno militar surgido del golpe de Estado del 4 de junio de 1943. Desde su llegada al Departamento Nacional del Trabajo, posteriormente convertido en Secretaría de Trabajo y Previsión, Perón había construido un vínculo con sectores del movimiento obrero a partir de su intervención en las relaciones laborales y el impulso de distintas medidas sociales.
Sin embargo, su creciente influencia también despertó la oposición de sectores dentro de las Fuerzas Armadas y en el ámbito político y económico que cuestionaban su protagonismo. En octubre de 1945, estas tensiones desembocaron en su desplazamiento y detención. Lo que sus adversarios no previeron fue la magnitud de la reacción que su ausencia provocaría.
Para comprender el 17 de octubre es necesario mirar más allá de la figura de Perón. Durante su paso por la Secretaría de Trabajo y Previsión, se impulsaron medidas que incidieron en las condiciones laborales y en la relación entre el Estado y los sindicatos. Estas políticas contribuyeron a que distintos sectores de trabajadores identificaran en Perón un interlocutor capaz de atender demandas históricas del mundo del trabajo.

No obstante, explicar la movilización únicamente por los beneficios materiales sería insuficiente. Como plantea el historiador Juan Carlos Torre en Sobre los orígenes del peronismo, el reclamo por la libertad de Perón fue el detonante inmediato de la jornada, pero detrás de él existía un proceso más amplio de transformación de las lealtades políticas de los trabajadores. La movilización expresó tanto el apoyo a un dirigente como la aparición de una nueva identidad política, construida a partir de la relación entre los sectores obreros y el Estado.
En este sentido, el 17 de octubre no fue simplemente una multitud que acudió a rescatar a un líder. Fue también una demostración de la capacidad de movilización de los trabajadores y de su irrupción como protagonistas en la escena política nacional. La jornada dejó en evidencia que las demandas del movimiento obrero ya no podían ser ignoradas con la misma facilidad y que Perón había logrado convertirse en una figura central para una parte importante de ese sector social.
La presión de los manifestantes llevó a que Perón fuese liberado, y esa misma noche diera su célebre discurso dirigido a la multitud, desde el balcón de Casa Rosada. A partir de entonces, el 17 de octubre quedó consagrado como el Día de la Lealtad, una fecha importante para el peronismo.
La jornada consolidó un vínculo político entre Perón y amplios sectores de trabajadores, pero también abrió una discusión que continúa vigente: ¿la lealtad se dirigía al líder, a las conquistas sociales asociadas con su gestión o al movimiento político que comenzaba a tomar forma?
La defensa de Perón fue el reclamo concreto que unificó la movilización, mientras que las experiencias laborales y las transformaciones políticas previas contribuyeron a darle sentido. El peronismo emergió así como una fuerza de masas en la que se combinaron demandas sociales, identificación política y liderazgo.
Cada 17 de octubre, dirigentes, sindicatos y agrupaciones peronistas vuelven a reunirse para conmemorar aquella jornada. Los discursos recuperan palabras como lealtad, justicia social, pueblo y unidad. Sin embargo, la conmemoración también se convirtió en una oportunidad para disputar la conducción del movimiento, demostrar capacidad de movilización y construir legitimidad frente a la propia militancia.
Lo ocurrido este 17 de octubre de 2026 es ilustrativo. De acuerdo con el diario La Nación, la fecha estuvo marcada por actos separados de distintos sectores del peronismo: Axel Kicillof encabezó una actividad en La Matanza, mientras que sectores vinculados al kirchnerismo se movilizaron hacia el domicilio de Cristina Fernández de Kirchner en la Ciudad de Buenos Aires. Las convocatorias expusieron las diferencias internas y las disputas por el liderazgo del espacio político.

Esta fragmentación plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una fecha asociada históricamente con la movilización colectiva se convierte, también, en una competencia entre dirigentes por demostrar quién representa legítimamente al movimiento?
Los actos políticos son una forma de mantener viva la memoria colectiva y de expresar posiciones frente a la coyuntura. La presencia de militantes y trabajadores no implica, por sí misma, que exista una manipulación de la historia. Sin embargo, cuando la conmemoración queda reducida a la disputa por el protagonismo, los discursos y las imágenes de la movilización pueden desplazar la discusión sobre las demandas sociales que dieron origen a la jornada.
La lealtad, además, no debería confundirse automáticamente con la obediencia a una figura política. Si el 17 de octubre de 1945 representó la irrupción de trabajadores que reclamaban la liberación de Perón y que, con esa acción, adquirieron una nueva centralidad política, su legado no puede limitarse a la fidelidad personal hacia los dirigentes actuales. También invita a preguntarse qué lugar ocupan hoy los trabajadores en las decisiones del movimiento, qué demandas sociales se defienden y cuánto de aquella capacidad de organización colectiva sigue presente.
A 81 años de aquella jornada, el Día de la Lealtad continúa siendo una fecha cargada de significado político. Pero recordar el pasado no consiste únicamente en repetir consignas ni en reunir multitudes, también supone discutir qué se reivindica de esa historia y cómo se traduce en el presente.
Tal vez la pregunta más importante no sea quién puede proclamarse el heredero legítimo del 17 de octubre, sino qué hace cada sector político con el legado de aquella movilización. Porque si algo demostró aquella jornada, es que los trabajadores no fueron espectadores de la historia argentina: fueron protagonistas de una transformación que cambió para siempre su escenario político.