Una ciudad víctima por el tráfico de armas
Por Consuelo Pacheco Izurieta

A tres décadas de la explosión ocurrida en la base militar de la ciudad cordobesa de Río Tercero, se está llevando a cabo un reordenamiento de los expedientes judiciales vinculados al caso. Sin embargo, antes de comprender el alcance de esta tarea, es necesario recordar qué motivó aquella detonación que devastó gran parte de la ciudad; fue un intento de encubrir hechos de corrupción y tráfico ilegal de armas hacia Ecuador y Perú. La revisión de dichos expedientes busca, entre otras cosas, facilitar el acceso a las víctimas y a los familiares, que durante años denunciaron demoras y desorganización en el tratamiento judicial.
Un 3 de noviembre de 1995, una serie de violentas explosiones en la fábrica militar de Río Tercero provocó una tragedia que movilizó a la sociedad argentina. El estallido destruyó gran parte del predio industrial y afectó a los barrios aledaños, con un saldo de 7 muertos, más de 300 heridos y centenares de viviendas dañadas. Las imágenes de ese día recorrieron el país y el mundo, mostrando escenas de desesperación que marcaron a una generación entera de riotercerenses.
Las explosiones comenzaron poco después de las ocho de la mañana y se prolongaron durante varias horas. El estruendo se oyó a kilómetros de distancia, mientras una lluvia de proyectiles y restos metálicos caía sobre la ciudad, obligando a cientos de vecinos a evacuar por sus propios medios. En un primer momento el gobierno calificó lo sucedido como un “accidente”, aunque desde el inicio surgieron sospechas de que se trataba de una maniobra deliberada, destinada a encubrir el tráfico ilegal de armas que involucraba al gobierno nacional encabezado por Carlos Menem. Con los años, la causa se convirtió también en un símbolo de la lucha contra la impunidad y de la resistencia de una comunidad que se negó a aceptar el olvido como su destino.
Con el paso del tiempo, la Justicia confirmó aquellas sospechas: las detonaciones fueron intencionales y tuvieron como objetivo eliminar las pruebas de los envíos de armamento a Croacia y Ecuador, realizados mientras Argentina actuaba como país garante de paz. Este hecho resultó aún más grave considerando que Croacia se encontraba bajo un embargo de armas impuesto por la ONU.
La explosión de Río Tercero permanece en la memoria colectiva como una de las tragedias más dolorosas en tiempos de paz; una catástrofe que, como muchos cordobeses expresaron entonces, hizo que la ciudad pareciera un escenario de guerra. No fue sino hasta 2021 que la Corte dictó condenas a los responsables, aunque el expresidente Carlos Saúl Menem murió ese mismo año sin haber rendido cuentas ante la Justicia. Su fallecimiento, ocurrido en febrero de 2021, no fue acompañado por un luto oficial en Río Tercero, donde el dolor y las consecuencias de aquel día siguen presentes, recordando que la búsqueda de verdad y justicia continúa siendo una deuda pendiente con la memoria de las víctimas y con toda la comunidad.